12/04/2026
 Actualizado a 12/04/2026
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En términos químicos, el DDT (diocloro difenil triedoroetano) es un insecticida sintético, incoloro y cristalino utilizado ampliamente en la Segunda Guerra Mundial para combatir plagas agrícolas y enfermedades como la malaria y el tifus. Aunque fue considerado un «milagro» químico, su alta persistencia ambiental, biacumulación de la grasa y efectos tóxicos en la salud provocaron su prohibición en la mayoría de los países a partir de los años 70 del pasado siglo.

El descubridor del DDT fue Paul Herman Müller, un químico suizo ganador en 1948 del Nóbel de Fisiología y Medicina. La historia de este insecticida ha sido un tanto controvertida. Durante todo el siglo XX el DDT fue mayormente utilizado, pero, al comprobar que se acumulaba en las cadenas tróficas y ante el peligro de contaminación de los alimentos, se prohibió su uso. En el libro ‘Primavera Silenciosa’, de 1962, la estadounidense Rachel Carson expuso todos los peligros ecológicos derivados de la utilización del DDT, llegando a alegar incluso que acabarían despareciendo todos los pájaros del mundo si seguía utilizando este insecticida. Sin embargo, el mismo año de la prohibición, el juez administrativo nombrado por la EPA (Agencia de Protección Ambiental, protectora de la salud, el medio ambiente y los recursos naturales), Edmund Sweeney, concluía tras siete meses de audiencia en su informe de opinión que: «El DDT no es un riesgo cancerígeno para el hombre». Pero el administrador de la EPA Willian Ruchelshaus desestimó la opinión de dicho juez y prohibió prácticamente todos los usos del DDT por considerarlo un «cancerígeno potencial para el hombre». Como vemos, desde el punto de vista químico el DDT fue un producto controvertido. 

En términos personales y políticos, DDT es la inicial y final del nombre e inicial del apellido de un personaje tan controvertido como el insecticida de las apuntadas siglas: el bocazas amenazador e imprevisible presidente de EE UU llamado Donald Trump, blanco de pelo y oscuro de alma, de aliados fieles o de pago de aranceles. Persona que ejerce actualmente el cargo, pese haber sido condenado penalmente por el sistema judicial. Entre enero de 2017 y enero de 2021 el medio periodístico The Washington Post le contabilizó más de 29.000 declaraciones falsas, engañosas e inciertas. Al perder las lecciones en 2020, Trump instó a sus seguidores a marchar hacia el Capitolio, que luego asaltaron, lo que obligó a evacuarlo, ocasionando la muerte de cinco personas y numerosos heridos. Tras ganar las elecciones en 2024, Trump recibió una condena sin pena de prisión y dos acusaciones por otros delitos en su contra fueron desestimados. Todo un palmarés. Lo que no ha sido obstáculo para que en su segundo mandato Trump esté marcado por un ataque implacable contra los derechos y libertades, destruyendo pilares esenciales de la democracia estadounidense. Y todo ello en lo que respecta al mundo interior.

Por lo que respecta al mundo exterior, sin la anuencia del Congreso estadounidense, Trump mandó al ejército norteamericano entrar por sorpresa en Venezuela y secuestrar a su presidente, ocasionando varias docenas de muertos. Ahora amenaza con anexionarse Groenlandia y hacerse con Cuba. Aliado e impulsado por el genocida israelita Netanyahu (entusiasta más tendente a matar y destruir que a ocupar o convivir), y también aleccionado por los ejemplos fallidos de antaño en Vietnan y con los talibanes en Afganistán, Trump ha mandado bombardear Irán bajo el pretexto de eliminar un régimen tiránico previsiblemente portador de armas nucleares. Ahora quiere un acuerdo con el régimen iraní mientras Israel sigue matando civiles en Irán, Gaza, Libia y Cisjordania. Nadie sabe ni vaticina en qué todo esto va revertir a nivel universal. Nada bueno, es mi opinión.

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