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Dame tu mirar

25/07/2026
 Actualizado a 25/07/2026
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«La Palabra  se hizo carne, y hábito entre nosotros» es, ciertamente,  una cita  del evangelista con  mirada de águila, que presentaba especial finura para enjuiciar los acontecimientos con un mirar distinto. Sus ojos captaban la realidad de una manera radicalmente original,  hasta el punto de considerar la Palabra, refiriéndose a la que edifica,  verdadero alimento para el alma. 

La he recordado,  porque no  se me ocurre mejor manera de definir una buena conversación: alimento  para saciar  el hambre y paliar la  soledad,  carencias, ambas,  relacionadas.

Conversar es un arte, un antídoto, una necesidad que elimina las barreras y permite que lo cotidiano de paso a la confianza, la confianza a la confidencia y esta  a  la aproximación, al acercamiento, tanteo que permite asomarse a la intimidad del otro,  son palabras de José María Rodríguez Olaizola. 

Y esa secuencia que antecede al conocimiento,  alcanza su máxima expresión en la presencia física que permite disfrutar del lenguaje gestual: los ojos, las manos, el arrebol de la  cara ilusionada o avergonzada de  ese alguien  que se sincera y sabes que se quiere quedar,  la respiración pausada o acelerada de la confidente, las ojeras inesperadas de aquel  que te sale al paso, o la variada gama de sonrisas de  esa persona con la que la conexión es algo tan natural,  que sus gestos son un repertorio infinito de emociones y sentimientos generadores de endorfinas, oxitocina y serotonina al unísono. 

Desafortunadamente,  las  pantallas dan  al traste con la sutileza y los matices de los dichos y confidencias, inutilizan la intencionalidad del discurso. Mención de deshonor, cuando alguien decide oír  tu audio al vértigo hiperacelerado  de las escenas  de cine mudo, y te imaginas  a la velocidad del  payaso que hace una pantomima ridícula que provoca risa. Me consta que no es así, queridos amigos e hijas, pero no puedo evitar sentir ese temor cuando os envío un WhatsApp superior a un minuto. Desventajas de la tecnología precipitada. Se asume el riesgo. 

Y es que la presencia física permite captar la mirada del otro y recrearse en su anclaje, lo que «conlleva efectos beneficiosos – explica la divulgadora Nazaret Castellanos- para el cerebro,  como es la conexión entre la corteza prefrontal lateral y el hipocampo, porque  posibilita disponer de  más recursos neuronales para sostener su atención en el otro». Estamos más presentes.

Decía Sir Winston Churchill,  que «las buenas conversaciones deben agotar el tema, no a los interlocutores». Es una pena que ustedes, queridos lectores y lectoras, no puedan replicar o al menos expresarse para poder seguir charlando sobre este tema. Me encantaría escuchar sus palabras y captar su genuina forma de mirar. 
 

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