Sabíamos todos, y lo sabíamos desde el día 13 de febrero (sino desde mucho antes) que pasaría. Pero aun así hay quienes albergábamos una esperanza descabellada de que las cosas saldrían como deben. Una esperanza atizada por ciertos signos que queríamos vaticinios y eran maniobras de distracción y artimañas: el cambio de líder del partido conservador, los discursos negándolo, las negociaciones rotas... Hojarasca, nada.
Si este es el nuevo PP, el futuro PP, el rumbo de la renovación de un partido que se define como derecha europea y democrática, mal vamos. Lo dice hasta el líder del PP europeo. Porque la responsabilidad no atañe a quienes profieren y pretenden barbaridades. Es de quienes les abren las puertas. De quienes alumbran al monstruo. Hay, incluso, hasta quienes responsabilizan de la vergüenza a ese espantajo que han levantado y llamado ‘sanchismo’ y su maquiavelismo de conveniencia. Es como culpar a Biden de la guerra de Ucrania.
Cumplida la transformación en criatura grotesca, este miércoles podemos anotarlo entre las fechas memorables, esas efemérides que tanto gusta recordar y donde solemos apuntar solo las que hinchan un ego absurdo y ajeno. Pues bien, la de este día diez servirá para contrapesar las pretensiones de alcurnia, cuna y prosopopeya, de tanto afán de Unesco y democracia veterana: este día en León y Castilla (que tanto montan en este caso) y de mano de un leonés –oh, pasmo– se dio nacimiento a una forma de parlamentarismo inédita en la historia de nuestra actual democracia, se cruzó un rubicón de la vergüenza, se eligió por vez primera a un individuo de un partido de ultraderecha como presidente de las Cortes. La nueva cuna de otro parlamentarismo. Veremos pronto de qué dignísima memoria futura y decreta de avanzadísimas libertades estamos hablando.
Añadir La Nueva Crónica como fuente preferida de Google de forma gratuita
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.