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Una Cultural agridulce de media temporada

12/01/2026
 Actualizado a 12/01/2026
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Ha terminado la primera vuelta de la Liga de Segunda División y lo primero que hay que recordar (de hecho, nos lo recuerdan todo el tiempo) es que la Cultural y Deportiva Leonesa es un equipo recién ascendido (como el Ceuta, o el Andorra, o la Real Sociedad B). Se supone que, por su condición, y por su límite salarial, tendrá más dificultades que la mayoría. 

Estar en Segunda División es siempre una alegría, más si echamos un vistazo al dudoso palmarés de las últimas décadas, y más aún si pensamos en lo rocambolesco del último descenso a Primera Federación, que quizás nunca debió producirse. Pero, en fin, pelillos a la mar, porque ahora la Cultu vuelve a estar felizmente en Segunda (estuvo a punto de no lograrlo, cabe señalar, pero lo cierto, y lo de verdad relevante, es que lo logró). Todo bien, o sea. Un motivo de alegría, porque, aunque nos guste reivindicar la historia del club, y es bueno que así sea, lo cierto es que la Cultural sólo ha estado una vez en Primera División, y por entonces yo ni siquiera había nacido... Se podrá decir: otros muchos no han estado nunca. Muy cierto. 

Como los ascensos son muy caros (en todos los sentidos), y estar en Segunda División no es algo que suceda todos los días, los aficionados del club suelen vivir una especie de agonía (mezclada con alegría, es verdad), cuando las cosas no van demasiado bien y se piensa, de nuevo, en una caída en el pozo por los pelos, como pasó la última vez. No puede ser, piensa el aficionado medio, que nos vuelva a suceder. Y no debería ocurrir.

Pero el fútbol es una mezcla de demasiadas cosas (la suerte, una de ellas, y no precisamente la menor), y es verdad que los clubes neófitos en una división superior pasan más estrecheces, tienen que lidiar con la escasez, con la incertidumbre, con problemas en la confección (difícil siempre) de la plantilla, y con la sensación de que todo puede derrumbarse bajo sus pies. 

Lo cierto es que la Cultural ha llegado a la mitad de la temporada, en esta nueva y fantástica oportunidad en la Segunda División del fútbol español, y nos ha dejado sentimientos encontrados. El cambio de entrenador, que siempre se dio por hecho, incluso antes de empezar el nuevo curso (lo que no impide reconocer aquí lo mucho que Llona hizo por este equipo), nos ha traído al banquillo no sólo a una leyenda futbolística, porque el Cuco Ziganda fue un excelente jugador, sino a alguien que, salvo error u omisión, se mueve en la modestia, en la bondad, y en el relativo silencio. Como las cosas no iban bien, si exceptuamos aquel memorable partido en Santander de la era Llona (el Zaragoza nos acaba de imitar en eso, por cierto), las primeras jornadas del Cuco aquí fueron acogidas con expectación y casi diría que también con espíritu triunfalista, pues apuntaló de manera eficaz la defensa, lo que se considera primordial para salvarse. 

Bien, nada que objetar. Ziganda me parece un tipo excelente, un entrenador infatigable, aunque pueda resultar conservador en exceso, pero esa ya es una opinión muy personal. Su fútbol resulta casi metalúrgico, golpe a golpe, con pocas concesiones para la vista, y bastante pragmático. Puede que eso sea lo que necesitamos, si, como dicen algunos, tenemos tantas limitaciones. A todo el mundo le gusta ser el Bayern de Munich, pero…

Con todo, y a pesar de los excelentísimos 25 puntos cosechados (lo mejor, hasta ahora), las últimas semanas han surgido ciertas preocupaciones. También antes, pero, sobre todo, las últimas semanas. Como les gusta decir a los futbolistas, «esto es muy largo», y es verdad, y lo es aún más en esta división, pero esto es largo hasta que deja de serlo. El play-off de ascenso se aleja (supongo que no va con nosotros, claro) y el de descenso (que tampoco debería ir con nosotros) se acerca peligrosamente. Y como pensamos en la última vez que estuvimos en Segunda, se encienden las alarmas.

La Cultural llega a mitad de temporada con un buen bagaje de puntos y, hay que decirlo, con no demasiado fútbol, con poca elaboración del juego, salvo alguna cosa. La forma de jugar es cada vez más esquemática y esquelética, metálica, si quieren, como si los jugadores no pudieran hacer gala de un nivel técnico que, al menos algunos de ellos, desde luego que sí tienen. Cuco juega muy sencillo, y tal vez sea eficaz (intentar virguerías supone a veces perder el balón, como nos ha pasado estúpidamente tantas veces, cierto), pero creo que así puedes acabar siendo demasiado previsible. 

Comprendo que a Ziganda le puede la seguridad del equipo y que ese conservadurismo suyo tiene que ver con no exponerse demasiado ante contrarios potencialmente superiores. Lo comprendo. Pero creo que a veces va demasiado lejos con esas prevenciones. La gestión de la plantilla (muy amplia, es verdad) se ha resentido por eso, al menos por lo que respecta a ciertos nombres que apenas contaban, lo que explica la absurda devolución de Cortés, un buen jugador que sin duda debería haber sido útil. ¿Y no hay nadie nuevo para mejorar lo que a buen seguro sí que parece mejorable? 

Viendo partidos como el jugado contra Las Palmas, o el de Riazor, te preguntas dónde queda a veces la intensidad, tan necesaria en este juego. Pero sería muy injusto no recordar aquí otros partidos que la Cultural ha resuelto muy bien, también contra equipos de relevancia, y casi siempre como visitante. Este es otro expediente X: ¿por qué no logra ganar con más asiduidad en casa, y por qué casi siempre empieza con el marcador en contra? Un expediente X que, por más que pasa el tiempo, no se resuelve. 

En fin, termina la primera vuelta con una sensación agridulce. Por supuesto, los 25 puntos cosechados son excelentes. Nadie puede dudarlo. La cuestión es que se observa un empeoramiento progresivo en el equipo. Se pierden algunos efectivos. El apoyo económico debería ser mayor, si realmente queremos consolidar el proyecto. Vienen partidos difíciles y no es imposible que el equipo caiga a posiciones de descenso, de no mejorar. Ziganda opta por la seguridad de la hormiga, por el juego de control, por la poca exposición. 

Pero una segunda parte como la de Andorra es puro terror, por más que entregues el balón a un equipo que, en efecto, suele tenerlo. ¿Qué pasa con el centro del campo? Bicho debe recuperar jerarquía. Y Chacón debe volver a ser el que era. Y Pibe es muy necesario.

En fin. No quiero ser apocalíptico sólo a unas pocas horas del gran encuentro copero ante el Athletic Club. Ah, mi padre estaría feliz: era hincha de los dos. Me acuerdo de aquel día memorable contra el Atlético de Madrid. Ya sé que es un partido muy difícil, que es un premio, además merecido. Vale. Pero los grandes equipos nunca salen derrotados al campo.
 

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