13/03/2026
 Actualizado a 13/03/2026
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Cuidar, del latín cogitare, significa poner atención en alguien o algo. El taoísmo, pensamiento oriental del s. VI-IV a.C., viene a decir que cuidar es tratar las cosas importantes de la vida como quien asara un pez pequeño. Los que alguna vez lo hemos cocinado sabemos que hay que poner suma delicadeza para que no se desmorone y rompa. El tao también señala que los grandes logros solo se consiguen teniendo en cuenta pequeños detalles. 

Ahora bien, ¿qué es lo importante de la vida? Las prioridades son como las opiniones o los gustos, cada cual tiene los suyos. Sin embargo, sí parece que hay un acuerdo en afirmar que lo importante es lo que nos hace bien, lo que nos reconforta. Importante es el cultivo de la amistad y de las relaciones con los otros, como seres sociales que somos por naturaleza. Importante es el amor, sin amor no somos nada o, a lo sumo, somos como pedazos de metal ruidoso o como una campana desafinada. Importante es la paz mundial que se construye entre todos desde la responsabilidad personal. Importante es la salud física y también, tal vez porque cada vez estamos más faltos de ella, la salud mental, esa brújula que nos ayuda a no perder el norte cuando el suelo se tambalea a nuestros pies. Importante es la naturaleza que nos rodea. Importantes son los proyectos vitales, los sueños. 

Importante es cuidarnos para no descuidar lo que tenemos delante. Aunque a veces se hace necesario distanciarse y distraerse y vacacionarse –vaciarse– de las atenciones que damos a los demás para fijarnos en las propias y, tras ese tiempo de parón, seguir cuidando.  

Cuidar tiene que ver con el cómo hacemos las cosas. En este punto me viene a la cabeza la expresión de mi sabia madre cuando dice que hay que hacer las cosas bien para que parezcan regular. Si no hay cuidado en lo que hacemos, hay descuido. Desgraciadamente, en nuestra sociedad de usar y tirar lo que no tiene valor material parece que no merece nuestro cuidado. Pero es justo es al revés. Por el cuidado nos conocerán. Y lo más importante, nos conoceremos y reconoceremos. El cuidado, en estos tiempos que corren, tiempos de ruido, de bronca, de estridencia, de macarrería, acaso sea una de las palabras, por su contenido, que más debamos tener en cuenta y enarbolar en nuestro imaginario como un estandarte de resistencia cotidiana. 

Cuando no tengamos nada que al menos tengamos la atención puesta en las cosas que nos sorprenden y conmueven, como a mí me conmovió hace unos días la contemplación del cerezo japonés que, milagro de la naturaleza, se renueva y florece en los parques urbanos otro mes de marzo para advertirnos que sigue habiendo suficiente belleza en lo sutil, en lo pequeño. 

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