enrique-reguerob.jpg

Cuatreros en la vía muerta

25/02/2026
 Actualizado a 25/02/2026
Guardar

En León el expolio nunca fue a caballo ni con revólver. Aquí se vacía la tierra con presupuesto, con firma y con silencio administrativo. Los Deicidas lo avisaban: «Ni Texas ni Arizona, el Oeste es San León». No hablaban de mapas, hablaban de abandono, de caminos cortados, de un sheriff que nunca llega.

El Oeste empieza en Matallana y se pierde hacia la montaña por una vía estrecha que nunca fue postal ni nostalgia, sino pan y camino. Por ese tren subían las mozas y los mozos a estudiar, las muyeres y los paisanos a sostener la casa y el mundo, bajaban al médico y a facer la compra, viajaban al tajo. No llevaba pasajeros: llevaba porvenir. Y eso es lo que hoy se pierde.

En la canción se habla de cuatreros que esperan en el monte. Hoy ya no esperan, deciden. No disparan, firman. No levantan polvo, levantan actas. No se llevan ganado, se apropian del tiempo ajeno. Diseñan trenes que no caben por los túneles y llaman modernidad a dar la vuelta antes de entrar en León. El camino, otra vez, queda cortado.

Mientras tanto, el AVE corre, brilla, devora millones con la alegría del que gasta pólvora ajena. Hay dinero para inaugurar, pero no para cuidar. Para llegar rápido a Madrid, sí; para llegar dignamente a casa, no. La vía no cayó por accidente. La dejaron morir, amodo, como quien retira el pulso a un corazón que todavía late y lo deja enfriarse sin testigos. Y después nos vendieron el despojo como si fuera progreso: transbordos, autobuses y paciencia infinita. Es la «mafia de la feria»: primero te quitan el tren, luego te venden resignación.

Los nuevos cuatreros sonríen desde despachos acristalados y pantallas táctiles, y hablan de eficiencia. Para ellos, León es territorio de sacrificio. Pero cuando el tren deja de pasar, pasa todo lo demás. Se vacían los pueblos, se encogen las vidas, se alarga la espera. Todo ocurre despacio, con educación institucional, como sucede con todo lo que no da votos ni titulares. Así se desmonta hoy un territorio: sin ruido, sin revólver y con una firma al pie. El tren de Matallana no murió, lo dejaron morir. Y lo que se deja morir así no es solo una vía, es una forma de vida. Cuando te cortan el camino, te empujan a marcharte. Por eso no es un lema, es un clamor de justicia grabado a fuego: a Matallana se va en tren. Y en este País Leonés que algunos dan por amortizado, la memoria no se rinde. Cuando despierta, devuelve el rugido de la tierra herida.
 

Archivado en
Lo más leído