Ya ven, lo que la semana pasada era cierre de mi crítica sobre el estado de la limpieza de esta ciudad, capital provincial y cuna del parlamentarismo, que se dice, es hoy rótulo del presente. Mas, también me siento obligado a comentar otras faltas de pulcritud que atisbo en mis garbeos y discretas observaciones. Y es que por muchos -no tantos, ¡menos lobos, Caperucita!- impuestos que alguien pague, no se adquiere o activa el cínico derecho a responsabilizar, de todo lo que a su gusto no esté, a la administración pública que, en cada caso, lo haya convertido en reactivo sujeto pasivo. Aunque, a pesar de que la razón de la sinrazón más cantada es la de “para eso pago impuestos”, bien entre exclamativos signos de admiración, bien entre los interpelantes de interrogación, más bien creo que la mayoría de las ordinarieces que uno observa más bien se debe a la inexistencia (¡cuánto soledad en el mundo) del otro u otros conciudadanos y todavía más a la ignorancia, a veces voluntaria, de que convivir es vivir con. No haré detallada nómina de ajenas faltas de urbanidad de algún, alguna, “algune” conciudadano, pero sí me referiré a las que más frecuente sufro o aguanto, mientras, no sin suma tristeza, recuerdo aquella esperanza verbalizada durante la pandemia del “covid-19” de que “de esta (aquella) vamos (íbamos) a salir mejores”.
Y así vemos como la tos no es dirigida no ya al codo, sino tampoco a la palma o al dorso de la mano. Al igual que ha regresado con ímpetu creciente la guarrada de escupir en la calle. ¿Y que pensar, aun siendo fumador como soy, de los numerosos plusmarquistas en el lanzamiento de colilla? ¿O qué del que con discreción digna de agente secreto -y guardo y paseo perro no pequeño- nos deja en la acera el excremento de su amadísimo chucho? Sí, cuánto por mejorar… ¡Todos! Y no es tan difícil, basta con tener en cuenta a los demás, respetarlos y ser amable; de bien convivir, vamos.
Y, ahora, al tema candente. Arde León y, al margen de su negligencia dominical, ¿reconocerá ahora el consejero Suárez-Quiñones que erró gravemente al decir y decidir que “mantener el operativo de incendios todo el año (no) es absurdo y un despilfarro” sino que hubiera sido prevención y mantenimiento del patrimonio natural y cultural de la provincia? Que no es todo prometer que se pagará “de forma rápida y generosa” los daños que no cubran los seguros. Veremos. Con tanto “Money, money” me recordó a la Liza Minnelli de Cabaret. ¡Ay las decisiones! ¡Ay sus consecuencias!
¡Salud!, y buena semana hagamos.