La tesis doctoral no fue lo único que José Luis Rodríguez Zapatero no terminó. Tampoco llegó al final de su mandato democrático al ver cómo se marchitaba la flor que tenía cuando decía ver brotes verdes en plena crisis. La casa que se construyó en León también quedó inconclusa. Ese monumento a la tierra, a las raíces que se antojaba como remanso de sosiego tras su aventura política en La Moncloa. Las cosas no ocurrieron como a él le hubiera gustado. Aquel hogar imaginario fue pasto de la realidad y nunca terminó de echar raíces. Esa obra faraónica a la altura de cualquiera que maneje semejantes esmeraldas, no se paralizó porque quebrara la constructora sino porque la confianza de sus vecinos estaba quebrada. Hubo protestas, manifestaciones, escraches… Nadie quería que llegara el día que le tuviera que pedir sal o huevos al expresidente del Gobierno; teniendo en cuenta como nos despistó a todos en la última etapa de su presidencia, capaz era de responder a las demandas de sus compañeros de calle con un huevo vacío o con sal insípida. Ahora seguro que alguna se arrepiente de no haberle tenido de vecino y no haberle pedido una de esas joyas.
El que fue Bambi para después ser ZP y ahora El Collares, no fue profeta en su tierra. Quizá por eso José Antonio Diez sabe que está en el lado correcto de la historia siendo el díscolo de su partido. A los leoneses no les ha impresionado el aura institucional con el que se bendice a todos los que han ocupado un cargo importante en el gobierno de España. Puede que en otros círculos Zapatero hubiese entrado en su chalet con una alfombra roja, pero aquí no nos imperiosa la pátina potestativa. Creo que cada uno tiene derecho a vivir donde quiera, la revuelta vecinal ante la mudanza del expresidente fue uno de los mayores delirios colectivos. Sin embargo, contrasta mucho con los alardes y espumarajos babeantes que sueltan en otros territorios, aunque el ídolo al que rinden pleitesía sea de todo menos honorable.
Tengo un amigo que dice que en algunas atmósferas donde la teoría de la gravedad es diferente a la de aquí, si viniera el líder de un grupo terrorista muchos le pedirían selfies. Aquí desde luego que no.