pedro-lechuga-mallo2.jpg

Cuando incomodar al poder tiene coste

14/02/2026
 Actualizado a 14/02/2026
Guardar

No nos engañemos, gran parte de la clase política es de gatillo fácil y descuelga el teléfono para ajustar cuentas y liquidar, metafóricamente hablando, a personas que, por el motivo que sea, les incomodan. Que estas llamadas se hagan para fulminar a un compañero de partido no me preocupa. Tampoco voy a decir que disfrute con tal hecho, pero allá ellos. Lo que sí me indigna es cuando un político o sus chacales a sueldo llaman para que corten la cabeza a un periodista que les incomoda.

Llamadas de este tipo las ha habido siempre y, lamentablemente, seguirá habiéndolas. Además, estas maniobras mafiosas no entienden de ideología, unos y otros utilizan las amenazas para intentar tapar bocas y apartar a periodistas que no hacen otra cosa que su trabajo. El último ejemplo ha sucedido esta semana, cuando varios medios publicaron que desde el Ministerio de Asuntos Exteriores se había llamado a la dirección de Europa Press para pedir que apartaran de sus funciones a una periodista que recriminó al ministro Albares que llevara ocho meses sin dar una rueda de prensa ante los corresponsales encargados de la información internacional y diplomática.

Una vez saltó al ruedo esta noticia, el ministerio utilizó el comodín típico de que todo era un bulo y sentó a Albares a la derecha del Padre de la Transparencia. Ah, y negó rotundamente que hubiera existido esa llamada. Estaría bueno que reconocieran que lo hubieran hecho. El problema es que, ya desde hace meses, los periodistas que siguen al ministro han denunciado las dificultades que les ponen a la hora de informar y la existencia de listas negras de periodistas. Es más, la Asociación de Diplomáticos Españoles también se ha hecho eco de las actitudes poco transparentes de dicho ministerio, y la Asociación de la Prensa de Madrid y la Federación de Asociaciones de Periodistas de España han denunciado las prácticas poco éticas del ministro y de su entorno, calificándolas como lo que son: un ataque a la libertad de prensa y al derecho a la información.

Pero igual de denunciable que lo protagonizado por Albares es la complicidad de algunos periodistas y medios de comunicación que han mirado hacia otro lado ante este hecho tan peligroso. Es indignante ver cómo algunos se erigen en defensores de la libertad de prensa, pero solo cuando el periodista o medio atacado es cercano a su línea editorial. Esto no va de nombres y apellidos ni de cabeceras, esto va de defender algo tan importante en democracia como la libertad de prensa. Mientras continuemos así, los teléfonos seguirán sonando para pedir la cabeza de periodistas incómodos.

Lo más leído