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Cuando los elefantes se pelean

02/10/2026
 Actualizado a 02/10/2026
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Suelo decir a mis clientes que la historia se repite, aunque en cada momento con sus matices. Cuando un imperio empieza a perder fuelle y otro asoma la cabeza, lo que viene después no acostumbra a ser un relevo tranquilo, sino unos cuantos años (o siglos) de inestabilidad, guerras y cierta “oscuridad”, hasta que alguien vuelve a poner orden.

Por eso, no me pasó desapercibido que Xi Jinping, en plena visita a Washington, hace tan solo unos días, volviera a sacar a relucir la llamada trampa de Tucídides. No es la primera vez que la menciona, ya la citó en 2013 en Pekin ante un grupo de inversores occidentales, en Seattle en 2015 matizó sus propias declaraciones de 2013, y en mayo de este mismo año, en Pekín, se lo espetó a Trump a la cara. El término lo puso de moda el profesor de Harvard Graham Allison, que repasó dieciséis casos de los últimos cinco siglos en que una potencia emergente desafiaba a la dominante. En doce, la cosa acabó en guerra.

El historiador griego Tucídides dejó escrito hace 2500 años que fue el crecimiento de Atenas y el miedo que eso generó en Esparta, lo que hizo inevitable la Guerra del Peloponeso. Ojo, porque ahí está lo que Xi quiere decir sin decirlo. Según el historiador griego, el problema no lo provoca el que sube, sino el miedo del que ya está arriba. Además, tras casi treinta años de guerra, ni Atenas ni Esparta se quedaron con el pastel, que acabó en manos de Macedonia.

Con Roma pasó algo parecido, pero a lo grande. Tras su caída, Occidente pasó siglos sin nadie capaz de garantizar caminos, moneda ni comercio. Los leoneses lo sabemos bien, la ciudad nació como campamento de la Legio y de aquel desorden surgió, mucho después, el Reino de León. Al Imperio español le tocó más tarde. Bancarrotas de la Corona, la Guerra de los Treinta Años y más de siglo y medio de peleas entre Holanda, Francia e Inglaterra hasta que Waterloo abrió la Pax Britannica.

El episodio que mejor conocemos los que nos dedicamos a los mercados, es el del siglo XX. En 1918 se vinieron abajo de golpe los imperios alemán, austrohúngaro, ruso y otomano, y detrás llegaron la hiperinflación de Weimar, el crac del 29 y la segunda guerra mundial. El economista Charles Kindleberger lo explicaba de forma muy gráfica. El Reino Unido ya no podía hacer de líder y Estados Unidos todavía no quería, así que nadie estaba dispuesto a ejercer de “sheriff”. Hasta Bretton Woods, en 1944, no volvió a haber un orden.

No seré yo quien diga qué imperio sube y quién baja, el tiempo lo dirá, pero los aranceles, la guerra de los chips, Taiwán o lo que está pasando en Ormuz, que ya pagamos en el surtidor, tienen pinta de ser síntomas de un orden en discusión. Xi propone competir sin llegar a las manos e incluso ha dicho que su «gran rejuvenecimiento» y el «Make America Great Again» pueden convivir. 

Mientras tanto, conviene recordar un proverbio africano que dice que cuando dos elefantes se pelean, es la hierba la que sufre. Y me temo que, en esta pelea, a Europa, le toca hacer de hierba.
 

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