24/09/2026
 Actualizado a 24/09/2026
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El pasado domingo se celebró en Vegas la fiesta de la Cruz; los católicos o los que miramos el calendario habitualmente, sabemos que el día de la fiesta de la Cruz fue el pasado 14 de setiembre, lunes, seis días antes de cuándo lo hacemos los de Vegas, que, en el fondo, somos como los de Bilbao, que nacemos dónde nos da la gana e inventamos fiestas los días que no las hay. Se sube a la Quebrantada, el paraje mítico del pueblo, allí donde los romanos intentaron sacar oro y prepararon un cisco del copón, allí donde un fraile que vivía en México y un alcalde socialista plantaron una cruz de hierro exagerada, que se ve desde el Puente hasta casi Boñar. El cura dice una misa de campaña y la Junta Vecinal invita a todos los devotos o a los valientes que se la juegan subiendo la cuesta a un bocadillo de chicharro con bonito y cebolla. Cada año sube menos gente y no sé si es una buena o una mala noticia; para uno, el que suscribe, es buena, porque es la única fiesta del pueblo (¡y mira que tenemos unas cuantas!), que no le llama la atención...; bueno, realmente, desde que se inició hace ya cuarenta y pico años, ha pasado de ella como si huyese de la peste, y, la verdad, no sé por qué me pasa.

Un chascarrillo que sucedió en el bar, el mismo domingo, en la tertulia: un ‘arimao’ de la otra ribera (un cacho de pan con patas), va y cuenta que en el País Vasco habían derribado, a las bravas, una cruz parecida a la nuestra porque era un símbolo franquista; no voy a entrar en el dato, mayormente porque me la refanfinfla, pero, que unos vascos, unos meapilas de manual, dominados desde tiempos ancestrales por los curas de PNV pongan como excusa que era una cruz facha..., manda huevos; volviendo a lo molar: el pollo pensaba que la cruz de Vegas la había plantado en medio del monte..., Franco. Cuando le dijimos que no, que había sido un antojo de un cura progre y de un alcalde socialista, no se lo creía. Es, al fin, lo que da el campo.

Este pretexto me sirve de excusa para profundizar en todas las cosas que suceden en este país dejado de la mano de Dios; y lo hago, o por lo menos lo quiero hacer, desde la perspectiva de un ‘juntaletras’ que es anarquista, o sea, un servidor. Cuando mandaba Rajoy (fechas en las que empecé a colaborar en La Nueva Crónica), las pocas veces que hablé de política nacional lo hice para ponerlo pingando. No quedaba otra: es imposible encontrar un presidente de Gobierno tan obtuso y nefasto como el gallego de Pontevedra. Ningún amigo de los que me lee dijo ni mu, porque estaban todos absolutamente de acuerdo. Dede hace ocho años, cada vez que me meto con el gobierno de Pedro Sánchez, y lo suelo hacer de pascuas a ramos, lo más suave que escucho es que estoy escorado a la derechona, que se me ve el plumero, que, en fin, soy poco menos que un facha de manual.

Yo no estudié periodismos, pero algo he leído sobre la deontología informativa y sé que un periodista que se precie y que no esté vendido al poder, debe de meter caña al que manda, sea quien sea, porque la principal razón de que exista el «cuarto poder» es fiscalizar lo que hace (y lo que no hace), el ejecutivo de la nación, de la provincia o del pueblo. A quién piense que lo importante es la ideología y no los hechos que hace esta fauna, quiero dedicarle un consejo desde mi ignorancia más absoluta: dedícate a otra cosa. El ejemplo más claro que sufrimos en estos momentos es, sin duda, la campaña pagada por quién sabe quién (aunque no es nada difícil barruntarlo), sobre la actuación de Rusia en el conflicto que la enfrenta con occidente; sí, es con occidente con quién está luchando Rusia, no con Ucrania. Los pintan todos los medios, a los rusos, como demonios con cuernos y rabo, gente malvada, subhombres, según la definición nazi de antes de la II Guerra Mundial, cuando, lo que hacen es defenderse del ansia irracional de occidente para conseguir hacer suyos todos los recursos (que son casi infinitos), que posee. No hay más tú tía y los que no lo quieran ver, que vayan al oculista o que sigan cobrando la pasta gansa que se gastan los imperialistas para que creamos lo contrario.

Salud y anarquía.

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