En ese León soñado
las madres se asoman a las ventanas,
y en sus brazos desnudos,
en sus vestidos claros,
una luz de sábanas rosas.
Los pájaros viven en los portales,
el agua sabe a hierro
y la voz de las niñas,
su sonrisa de nácar,
vuela en el filo del alba.
En ese León soñado,
crónica de sueños y días,
junto semillas y versos,
y busco el tiempo que me queda
en una escarcha
de rosaluz.
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