Escribo desde lo laico, desde lo agnóstico, aunque también podría servirme para ello de ejemplos bíblicos, pues, ya puesto a recordar la Escritura, ¿no llevan las miles de personas que buscan refugio en Europa, si no a la Pasión, sí al Éxodo? ¿El comportamiento de Europa, de sus putrefactas instituciones, no recuerda el episodio del becerro de oro, en su apostasía de todos los valores que proclama, en su renuncia de hecho a la Declaración Universal de Derechos Humanos, a su propia Carta de los derechos fundamentales: «Se prohíben las expulsiones colectivas»?
Nadie tome mis palabras como ataque a su creencia. Como Rafael Argullol: «No soy cristiano, pero por alguna razón desconocida, o por un sueño, admito el misterio de Cristo». Por eso no tuve ni tengo reparo en dedicarle mi agnóstica oración: Ahí vas Cristo crucificado,/ ahí vas clavado al madero/ del injusto sufrir humano.// Ahí vas, cual uno más,/ afligido por todo el dolor/ de tus corporales heridas,/ de tus tormentos morales,/ todos ellos infringidos/ por quienes somos, dicen,/ imagen y semejanza tuya.// Desde mi respeto te miro/ y en tu desolada mirada,/ en tu soledad absoluta,/ te reconozco Hombre.//
Hombre, Cristo, que, generoso,/ te dueles del propio y ajeno,/ prójimo, humano sufrimiento.// Cristo apasionado que, si dios,/ quisiste ser y vivir cual humano.// Ahí vas, Cristo crucificado,/ afligido, cual un hombre más,/ por todo el vital dolor humano.// Ahí vas, Cristo crucificado,/ Cristo humano, Cristo hombre/ de miles y miles de nombres.// Ahí vas: ¿mas cuántos hombres hoy eres?/ ¿En cuántos otros, hoy, hombre Cristo, estás?
Añadir La Nueva Crónica como fuente preferida de Google de forma gratuita
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.