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Crisis cerealista

15/05/2026
 Actualizado a 15/05/2026
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Todas las organizaciones agrarias del ámbito de Castilla y León celebraron el pasado martes una rueda de prensa conjunta, en Valladolid, para poner de manifiesto, una vez más, la difícil situación que atraviesa el sector primario debido a los elevados costes de producción y los bajos precios de los productos. Por el lado de los inputs, destacamos los fertilizantes y carburantes, y por el lado de nuestros productos, los cereales de invierno y el maíz.

Es un problema global, un problema de la agricultura desarrollada de todo el mundo, lo que me hace pensar que necesariamente tendrá solución, aunque la cuestión es cuándo y cuántas explotaciones se van a quedar por el camino. Lo que con crudeza y solemnidad dijeron en la rueda de prensa personas tan autorizadas como Donaciano Dujo (ASAJA), es lo mismo que he oído o leído de declaraciones de líderes agrarios de medio mundo. Compartimos discurso con la todo poderosa Fédération Nationale des Syndicats d’Exploitants Agricoles francesa, la influyente Deustscher Bauernverband alemana, la ucraniana Ukranian National Agrarian Forum que representa el granero del mundo, la  National Farmers’ Union desde Reino Unido, la American Farm Bureau Federatión que es la voz autorizada de los rancheros americanos, o la National Farmers’ Union of Australia que representa a los terratenientes del continente australiano. Rusia, India, China y Mercosur, son otra historia.

El cereal, aquí y en todo el mundo, se está produciendo a pérdidas. Con los costes actuales hace falta un incremento de precios de al menos el veinticinco por ciento, para empezar a cubrir los gastos corrientes, y quizá la situación sea peor en países donde no hay ayudas públicas tan potentes como las que se conceden en Norte América, en la Unión Europea o en Reino Unido, aunque también es verdad que esos países que no reciben ayudas tienen otras ventajas competitivas que son evidentes. Hasta que llegue la necesaria corrección de precios, toca apretarse mucho el cinturón, paralizar las inversiones no urgentes, y repensar las cosas varias veces.

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