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Criar en igualdad: no es ayudar, es corresponsabilidad

21/03/2026
 Actualizado a 21/03/2026
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¿Cuántas veces hemos oído a un padre decir con orgullo «yo ayudo mucho en casa»? La frase suena bienintencionada, pero encierra todavía una trampa: entender la crianza y las tareas domésticas como responsabilidad de las mujeres, en la que los hombres ‘colaboran’ de manera opcional o generosa.

Pero no se trata de ayudar. Se trata de corresponsabilidad. De asumir que criar, cuidar, cocinar, limpiar o acompañar deberes no es un favor que se hace a la madre, sino parte de la vida compartida.

El feminismo ha insistido en algo tan obvio como transformador: los hijos no son «de la madre», son de ambos. Y el tiempo, la energía y el cariño que requieren no pueden depender de la buena voluntad masculina ni del sacrificio femenino.

En las ciudades o en los pueblos, en familias jóvenes o mayores, la realidad se repite: muchas mujeres siguen cargando solas con el peso de la crianza y la casa, incluso aunque trabajen fuera. Los hombres «se implican» más que antes, sí, pero todavía demasiado a menudo se habla en términos de ayuda. Esa palabra conserva intacta la jerarquía: una es responsable, el otro colabora.

Corresponsabilidad significa reparto real: que los horarios laborales se piensen para que ambos progenitores puedan conciliar, que los permisos de paternidad se vivan como un derecho y no como una concesión, que el cuidado no recaiga siempre sobre las mujeres de la familia –madres, abuelas, hermanas– como si fueran un recurso inagotable.

Criar en igualdad no es solo justo para las madres: también lo es para los padres, que tienen derecho a disfrutar de la infancia de sus hijos sin ser visitantes de fin de semana. Y lo es para las criaturas, que aprenden que la ternura, la paciencia y la responsabilidad no tienen género.

La verdadera revolución en la crianza no está en que los hombres ayuden un poco más, sino en que entiendan que ese mundo pequeño y cotidiano también es suyo. Criar en igualdad no es un gesto moderno: es justicia, es amor y es, sobre todo, sentido común.

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