Angel Suárez 2024

El crepúsculo del opinador

24/10/2026
 Actualizado a 24/10/2026
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Estamos más que acostumbrados al doble sesgo que algunos opinadores aplican a las opciones políticas surgidas en España desde que murió el bipartidismo. Si se trata de Vox es más que habitual la denominación «ultraderecha»; cuando hay que referirse a formaciones comunistas o proetarras se habla de «el espacio a la izquierda del PSOE», como si se tratara de una habitación forrada de seda y amueblada con otomanas.

El opinador correspondiente nos participa su desolación porque ante la sede del PSOE en Madrid un grupo de personas reza el rosario, o corea la popular canción sobre Pedro Sánchez y la fruta; pero se hace el sueco ante la vandalización de la Puerta del Sol, ante el acorralamiento violento sufrido por Ayuso a manos de falsos educadores, o frente a la agresión que se desplegó en La Coruña en un acto más de precampaña, todo ello sólo en la última semana.

Lo cierto es que las manifestaciones de la derecha –hemos visto unas cuantas en los últimos años– suelen ser concentraciones pacíficas, a las que los padres llevan a sus niños y que se celebran en domingos o después de las 20 horas, porque generalmente a ellas acude gente que trabaja. Y pese a que son bastante más multitudinarias y heterogéneas, no hay quema de contenedores, ni lesionados, ni rotura de escaparates. Quienes tienen negocios abiertos al público en la Calle Ferraz duermen tranquilos. Las protestas de la izquierda –y aún no ha llegado la bochornosa huelga general convocada por UGT y CCOO– no sólo son de una violencia extrema y organizada, con participación de grupos adiestrados bien conocidos por las fuerzas del orden, sino que son expresamente alentadas por líderes políticos, y encima cuentan con el apoyo descarado de la correspondiente Delegación del Gobierno, sólo así se explica que en una protesta como la citada de La Coruña el saldo sea de 16 heridos de los que 14 son policías, condenados al martirio por sus superiores.

El opinador es ciego ante estos hechos, o al menos tuerto, o bizco, y con casposa cursilería, almibarada hasta la náusea, insiste en torturarnos con sus sensibilidades heridas porque ha visto a unos jóvenes con banderas de España y Cruces de Borgoña entonando sus consignas.

Pero se da con frecuencia que el opinador es muy mayor y que sus plañidos suenan ya muy carcas. Los más jóvenes, la inmensa mayoría que no se dedica a la okupación y al consumo masivo de estupefacientes, empieza a estar ya vacunada por el adoctrinamiento que ha sufrido en el colegio, en el instituto y en la televisión, y es inmune a su hipócrita lirismo.

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