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Cosas de sufragio electoral

11/10/2026
 Actualizado a 11/10/2026
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Si todo discurre según lo anunciado por el presidente Pedro Sánchez, habrá elecciones generales el próximo domingo 29 de noviembre. La acción de votar hizo que quien suscribe estas líneas ocupase antaño una mesa como vocal. Entre otras anécdotas, recuerdo que una votante, como fuere que no figurase inscrita en la lista censal con el nombre de Felicidad, sino como Dolores, su otro curioso nombre de nacimiento, protestase indignada. – Lo siento señora –le dijo el presidente de mesa–, la Administración no ha tenido a bien consignar ese segundo nombre que usted parece llevar con más orgullo. – ¡Pues sí que tiene gracia, no te giba, replicó disgustada la votante que me quiten a estas alturas y para estas elecciones la Felicidad! 

Otro votante, también con bastantes velas que apagar, se acercó a nuestra mesa. Lucía una pegatina del PSOE en la solapa y con voz bajita: ¿Esta es la urna de los socialistas, ‘verdausté’? Quedó rumiando su disconformidad cuando el presidente le dijo que las urnas eran para todos sin excepción y ésta era precisamente en la que estaba inscrito. Sin soltar el sobre, permaneció indeciso por unos segundos. Al fin, introdujo el sobre en la urna, pero sin abandonar la desconfianza, pues, a cada paso, se paraba y volvía la vista atrás. Temimos en la mesa que en algún momento retornase para reclamar el voto ya irremisiblemente dentro de la urna para pasto de recuento. 

En el momento más agitado de la sesión matinal, el presidente de la mesa nos advirtió: Aquella señora que viene hacia aquí es vecina mía y, aunque me ve todos los días, no puede verme ni en pintura porque yo tengo dos pisos y ella uno y, además, encima. Cada vez que nos encontramos huye de mí como del demonio. Pues bien, cuando apenas le faltaban unos metros para llegar a nuestra mesa y ver a los ocupantes, observando que en ella estaba su vecino, giró bruscamente y se desvió hacia otra de las mesas, tan próxima que se podía oír perfectamente la conversación con el presidente: Señora, la mesa suya está ahí al lado, que es donde se haya inscrita en el censo. En esta no puede usted votar. Pero la vecina, tozuda, contestó indignada que lo sabía muy bien, pero que en esa otra mesa no votaba y no votaba. Pues, entonces insistió el presidente no puede usted votar en ninguna otra urna. Y así, contumaz, fue recorriendo las siete mesas electorales del distrito obteniendo, como era de esperar, la misma respuesta. Al final, pudo más su deseo de votar que el fastidio que le corroía por las venas. Se encaminó por fin a nuestra mesa y, a cierra ojos y musitando algo imperceptible, metió el sobre en la urna. 

¡No tiene precio lo que ha hecho la democracia en este país para paliar desavenencias, muchas de ellas degeneradas en odios, envidias y venganzas! Pero, mucho me temo que no estamos muy lejos de volver a tristes andaduras. Este país es así, del rojo al amarillo, como su bandera.

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