Esta es la segunda vez que intento escribir esta columna de opinión. La primera, con todo hecho y después de haber cerrado (sin guardar, claro, para qué lo iba a necesitar) el documento de texto donde escribo antes de volcarla al sistema que permitirá que se publique en el periódico, desapareció víctima de una de esas enajenaciones mentales transitorias que todos (espero) tenemos. ¿Que por qué le di a no guardar los cambios en vez de hacerlo como debía? Y quién lo sabe, supongo que la campaña electoral esté haciendo mella en mi cerebro, que pide la llegada del 16 de marzo como León un gobierno que le tenga en cuenta. En cualquier caso, cosas peores habrá. El caso es que en mi intento original de columna hablaba yo de que no siempre es fácil estar orgulloso de ser español. En columnas anteriores les confesaba que mis únicas aspiraciones políticas son el establecimiento de una autonomía leonesa (biprovincial, con El Bierzo, no se vayan a escandalizar) y la unificación de los municipios de San Andrés del Rabanedo y León. No les voy a negar que en el primero de los apartados, en muchas ocasiones, he pensado en la reivindicación de la anexión a Portugal como siguiente punto en el orden del día. No entra España, así como concepto, en el top 50 de mis preocupaciones e igual que sí siento orgullo y preocupación por lo más cercano, por mi tierra, por León, muchas veces me veo bastante lejano a lo que se supone que nos une a todos los que nacimos en este país que, otras veces, es un lugar maravilloso. Estos días y a propósito de haber sido el único Estado con los bemoles (o la inconsciencia) de no haberse prestado a los caprichos bélicos de un señor cuya única ambición es el dinero sin importarle absolutamente nada más, a uno le ha dado por presumir de su Españita. No deja de sorprenderme que, aprovechando de hecho la campaña electoral en estos pueblos de los que nadie se acordará durante los próximos cuatro años, quienes presumen de patriotas critiquen la decisión de que su país no sea pisoteado por los intereses de terceros. Cabe pensar que quienes presumen de españoles son los primeros ‘anti’, pero cada uno sabrá. No sé si el ‘No a la guerra’ es demagogia en estos tiempos que corren, pero en algunos sitios sí que no habrá cosas peores. Y con eso basta.
Cosas peores habrá
06/03/2026
Actualizado a
06/03/2026
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