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Cortázar y su camino de escritor

03/03/2026
 Actualizado a 03/03/2026
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Julio Cortázar, unos de los escritores argentinos más reconocidos, impartió en octubre y noviembre de 1980 un curso de literatura en la Universidad de California, Berkeley. Las clases se celebraban los jueves de dos a cuatro de la tarde y estas trece horas se transcribieron. En ellas habla de los caminos del escritor, del cuento fantástico, el cuento realista, la musicalidad y humor en la literatura, lo lúdico en la literatura y la escritura de Rayuela, de erotismo y literatura («decir literatura y vida para mí es siempre lo mismo»). Piensa que antes de adentrarse en el cuento latinoamericano es ‘provechoso’ hablar de la forma en que se fue moviendo dentro de la actividad literaria durante treinta años: su camino de escritor. Y dice que ha pasado por tres etapas: estética, metafísica e histórica.

Estética: «Un mundo en el que había que dar todo lo que se tuviera, todos los recursos y todos los conocimientos para tratar de alcanzar un nivel literario lo más alto posible (…) donde lo literario era fundamentalmente leer los mejores libros a los cuales tuviéramos acceso y escribir con los ojos fijos en algunos casos en modelos ilustres y en otros en un ideal de perfección estilística profundamente refinada (…) la actividad literaria valía para nosotros por la literatura misma». Es la época de cuentos imaginativos casi todos de tema fantástico.

Metafísica: «Ahora el personaje (El perseguidor, Los premios, Rayuela) se convertía en el centro de mi interés (…) cada vez más deseoso de ahondar en ese campo de la psicología de los personajes (…) una autoindagación lenta, difícil y muy primaria sobre el hombre como ser humano, como destino, como camino dentro de un itinerario misterioso (…) ese primer contacto con mi prójimo».

Histórica: «Se pasa del culto de la literatura por la literatura misma al culto de la literatura como indagación del destino humano y luego a la literatura como una de las muchas formas de participar en los procesos históricos que a cada uno de nosotros nos concierne en su país (…) ser un escritor latinoamericano significaba fundamentalmente que había que ser un latinoamericano escritor».

Sin embargo, «hay una zona legítima de lo que llevo escrito» que no se ajusta de una manera sistemática a ninguna de las tres principales etapas. «Los cronopios y famas, nacidos en los años cincuenta y comienzo de los 60 (...) toda una serie de pequeños textos que son mi gran juego personal, mis juegos de niño-adulto-escritor o adulto-escritor-niño».

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