Fue el quinto marqués de Villafranca, Pedro Álvarez de Toledo y Osorio, quien decidió fundar un convento en Villafranca del Bierzo para una hija suya, que profesaría como monja con el nombre de sor María de la Trinidad. Edificado sobre los restos del antiguo hospital de peregrinos de Santiago, fue erigido el 24 de abril de 1606 –y, dicho sea de paso, declarado Bien de Interés Cultural, con categoría de Monumento, el 11 de enero de 2024–; y allí se establecieron las Hermanas Pobres de Santa Clara –Clarisas, aún hoy en el cenobio–, cuya primera comunidad llegó procedente del monasterio de las Descalzas Reales de Madrid. Ahora que se acaban de cumplir 420 años, es una buena ocasión para acercarte a visitarlo…
En el retablo principal de su iglesia –construida, años después, en una sola nave–, del siglo XVII, están representados la Anunciación, el nacimiento de Cristo y los desposorios de Santa Catalina; y destaca una custodia llegada desde Roma por orden del fundador. Y, a los pies del templo, se encuentra el panteón de los marqueses, en donde reposan, entre otros, los restos de Pedro Álvarez de Toledo y de sor María de la Trinidad.
Asimismo, en el convento se custodia una importante colección de cuadros, incluidos los del pintor renacentista italiano Jusepe Serena –sobre la vida eremítica, encargo del marqués– y los de pintura flamenca –conocidos como ‘Los ermitaños de la Anunciada’– de Paul Bril, Wenzel Cobergher, Jacob Frankaert y Willem I Van Nieulandt.
Además, en la Anunciada se encuentran también los restos del capuchino –y doctor de la Iglesia– san Lorenzo de Brindis –te lo contaba aquí mismo hace un par de años; tal vez lo recuerdes– que, al fallecer en 1619 en Lisboa, mandó traer el propio marqués –con quien tenía gran amistad– a Villafranca. Fue precisamente entonces cuando se plantó en el huerto conventual un ciprés que, según parece, es en la actualidad el más viejo de España y el más alto de Europa. Se puede ver desde la calle. E impresiona, te lo digo yo.