La hora nona quedó a atrás. Concluyó el ajusticiamiento en el monte Gólgota y la Pascua es un feliz hecho para el orbe cristiano. Se completó la Semana Santa de León en todos sus términos, que ese era el fin perseguido y el impulso en común de los papones. Los hosannas de palmas y de olivos de hace ocho días, su prólogo. Ahora, hoy, como si se tratara de un principiado año solar, comienza en la atardecida adelantada de esta neófita primavera, un nuevo conteo pasional. Se emprende, pespunteada por el momento, otra renovada carga enfervorizada de miles de papones.
La Semana Santa de la ciudad de León –que decir leonesa podría inducir, en este supuesto, al error genérico- ha vuelto a demostrar su pujanza en un contexto natural. El título de Interés Turístico Internacional le ha venido como anillo al dedo y ello obliga a no bajar la guardia ni a hacer de la comodidad bandera. Es indispensable mantener el nivel y eso supone trabajo y constancia. El único desafío que se viene sustanciando de unos años para acá, es la ‘sevillanización’ que se observa en algunos cortejos procesionales, lo que ratifica que el dato mata al relato, aunque se niegue la mayor. Innovar no presupone copiar, duplicar o imitar. Y esto sí que se viene haciendo con profuso ‘arraigo’ en algunas de las cofradías. O en casi todas.
Cuestión aparte y fundamental entre capillos y capirotes fue el pregón semanasantero, que la Junta Mayor -es decir, las propias penitenciales- organiza en las fechas previas a las jornadas de Pasión. En este tiraje y con un irrebatible éxito popular -¿cabe decir arrollador?- se vino a corroborar de nuevo, que no es necesario acudir a personajes ajenos al territorio, a ‘primeros espadas’, para garantizar una proclama de calidad y conocimiento, que ‘llegue’ y toque la fibra de quien la escucha. Carlos García Rioja (Carlitos) –que es algo más que un papón, en su ya dilata vida vistiendo la túnica- lo logró con un discurso brillante y bien hilado. Bien escrito. Y muy bien contado. Y al cronista –como diría el compañero José Antonio Llamas, en sus columnas de los lunes en este periódico- le vino a la cabeza la frase final de la película ‘El Informe Pelícano’, que pronunciara Gray Granstham (Denzel Washington), sobre Darby Shaw (Julia Roberts): "roza la perfección". Pues ya está todo dicho. Sobran mayores explicaciones. Fue un lujo de pregonero.
Y asimismo es de justicia resaltar, que el viaje realizado por el Nazareno a Roma el pasado mes de mayo, con motivo del Jubileo de las Cofradías, también ha contribuido a darle mayor fuste a la Semana. A que se conociera más. La imagen titular de la cofradía de Jesús fue admirada y acogida sin reparos en todos y cada uno de los ámbitos jubilosos, y el impacto final –que se preveía con todas las bendiciones inherentes- fue de nota alta. Como ocurriera en 2011, en Madrid, durante la XXVI Jornada Mundial de la Juventud, con la presencia del fallecido Papa Benedicto XVI. La figura nazarena, tanto en uno como en otro traslado, causó un impacto inesperado. Pura fe.