Llega el turismo rural a la ruralidad, lo que toda la vida de dios habían sido los veraneantes en verano, y hay que aparcar los modales de invierno, quitar las cuerdas de paca con las que te sujetabas el pantalón de mahón y poner el cinto de piel de culebra que te trajo un pariente que emigró a Méjico o Argentina. Y las madreñas a la tenada, las zapatillas de felpa sólo para la cocinona, y cambiar la boina por un sombrero de paja, aunque sea con la cinta de la fiesta de UGAL, pero que tenga aires de la canícula, dicho de manera que parezcauna de las canciones que canta el coro del pueblo en la semana cultural.
Y sobre todo, hay que abrir el desván de las palabras del verano. El gran maestro del género era El Terrible de Veneros, un grande Terri. Para no equivocarse elegía una palabra por día, por ejemplo conspicuo, que la podía haber dicho Maruenda en la tertulia. Y comprobaba que estas palabras de alcurnia valen para todo.
- ¿Cómo se presenta el día?
- Conspicuo.
Y el preguntón del verano se marchaba convencido de que al que le faltaban luces para entender a los lugareños y sus lenguajes era a él.
- ¿Cómo está el tema de organizar las fiestas del pueblo?
- Conspicuo.
Y cuando le preguntaba la hija que estudia en Salamanca si habría fiestas pues no sabía bien qué decir, a no ser que dijera conspicuo.
Pero al día siguiente era obsoleto. Y el preguntón de verano insistía por ver si se aclaraba.
- ¿Qué tal el día?
- Obsoleto.
Por las fiestas ya ni preguntaba.
El que lo ponía más complicado era Chistófano, el criao de Jesusón, que se llamaba Santiago pero nadie lo sabía. Él le llama a todo Chistófano y lo mejor es que le entiendes.
- ¿Qué tal los ‘chistofanines’?
- Bien, fueron a bañarse al río.
- ¿Y la chistófana vieya?
- Murió.
- Yera buena paisana la chistófana.
- Ya. ¿Tomás algo?
- Sí. Un chistófano
Y le ponían un vino.
Conspicuo o Chistófano
15/07/2018
Actualizado a
16/09/2019
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