Imagen Juan María García Campal

Congreso de mí mismo

02/11/2016
 Actualizado a 10/09/2019
Guardar
Escribo en la tarde noche de la desesperanza, la que se lanza a la inauguración de una nueva y larga noche de España y, lo que es peor, de gran número de conciudadanos abandonados a su propia contingencia o azar ante los intereses de cada grupo (sí, cabría escribir compatriotas, mas ¡malicio tanto de todo lo que se predica con uso y abuso del término patria!). Escribo triste por el profundo arraigo que –en la, para mí, más alta institución del Estado, el Parlamento– veo en la fe que cada grupo profesa en sus propias convicciones, una fe dogmática y excluyente,proclamada y reforzada más en la imposición del anatema al adversario que en los propios actos en pro de quienes se dice representar, una fe tan absoluta y ciega que no genera esperanza alguna; una fe púnica, mala, que no parece tener más intención que la supresión de los otros a los que, aun pronunciando adversarios, se les trata como peligrosos enemigos.

Escribo triste en esta nueva tarde noche de añoranza de un Congreso en el que en sus diputados, en todos y cada uno, existiera un espíritu generoso que realmente se preocupara y ocupase del mejoramiento de la vida de quienes hasta allí los han conducido con su voto para su digna y leal representación. Mas no, todos parecen tener presto el insulto, pronta la sensibilidad al agravio y poca, si alguna, intención de mejoramiento de la vida de sus conciudadanos. Proclaman en varia forma el fracaso de la Nación. Imponen el desasosiego de que más importante que la conquista de nuevos derechos ciudadanos, nuestra energía ha de entregarse a la defensa de los existentes, sitiados por doquier. Ante tal realidad, escribo, sí, desesperanzado, entristecido de ver cómo se habla y actúa torticeramente, más en clave electoral y de supervivencia personal y de clase que de prestación de servicio político y público al bienestar de quienes hacemos Nación: los ciudadanos.

Releo a Giner de los Ríos (1839-1915), con él me pregunto «¿qué hicimos (los que fuimos) estos hombres nuevos?» y él me responde: «hemos afirmado principios en la legislación y hemos violado principios en la práctica; hemos proclamado la libertad y ejercido la tiranía; hemos consignado la igualdad y erigido en ley universal el privilegio…». Por eso, sin «buenismo» alguno, prefiero seguir cavilando, en pro de mi recta conciencia, si son los actuales políticos mi propio reflejo o si me encuentro yo contagiado por ellos. Cuanto tajo para la íntima construcción personal. Congreso extraordinario de mí mismo.

Añadir La Nueva Crónica como fuente preferida de Google de forma gratuita

Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.

Activar ahora
Lo más leído