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Con la Iglesia ha topado

28/04/2026
 Actualizado a 28/04/2026
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Alguien dijo en cierta ocasión que, si no existiera Vox, habría que inventarlo. La razón es muy sencilla: la derecha no ha tenido valentía para defender una serie de valores que, en principio, estaban inspirados en el humanismo cristiano y que a su vez se fundamentan en el gran valor de la dignidad de la persona con todas las consecuencias. Al contrario, por un afán electoralista, ha cedido a determinados postulados de un ‘progresismo’ que tiene muy poco de verdadero progreso. En este sentido parece bienvenida la llegada de un partido que señale y advierta seriamente a la derecha, con sano espíritu crítico, sus desviaciones y complejos. Pensamos, y así lo confirman las encuestas, que una buena parte de los electores de derechas tengan su corazón dividido entre el PP y Vox y que deseen que se pongan de acuerdo. Si a esto añadimos la existencia de un presidente de Gobierno, líder de la corrupción y la mentira, que ha traicionado al propio partido por el que se presentó, al PSOE, distanciándose totalmente de la mayoría de sus predecesores, socialistas honrados y demócratas, se entiende que no es bueno que la derecha, en este momento la única fuerza capaz de echarlo, esté dividida. 

Quizá por eso se entiende mal que la obsesión del Señor Abascal sea no tanto desbancar a Sánchez, sino al Partido Popular, y que esté dando la imagen de un partido de bloqueo, además de seguir una trayectoria autocrática parecida a la de Sánchez, purgando dentro de su partido a todo el que no piensa como él. Por ello nos atrevemos a decir, y el tiempo lo demostrará, que el mayor enemigo de Vox es Abascal, pues aunque tenga razón en algunas de las cosas que dice, lo está echando todo a perder con su actitud despótica y arrogante.

Hace falta mucha soberbia y mucho atrevimiento para criticar, como él lo hace, a la Iglesia por su labor en favor de los más desfavorecidos. Sus últimos insultos a Cáritas, a los obispos españoles y suponemos que también al Papa cuando venga a Canarias, en realidad lo descalifican a él. El hecho de que el gobierno de Sánchez haya tratado de forma chapucera el tema de la inmigración, en lugar de consensuarlo con todas las fuerzas políticas, sociales y religiosas, no significa que no haya que abordarlo con delicadeza, seriedad y respeto a las personas. Si se nos permite, nos atrevemos a hacer una pregunta. No vamos a preguntar qué piensa la Iglesia de los inmigrantes, sino ¿qué pensara Dios de ellos, pues son sus hijos? ¿Se atreverá Abascal a meterse con Dios?

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