Con un cuenco en la cabeza

11/11/2025
 Actualizado a 11/11/2025
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A veces no es un cambio de tiempo ni un mal de ojo lo que te hace revestir la cabeza con un cuenco de cerámica. Todo retumba ahí dentro y salir no depende de romper el barro ni de arrancarlo con rabia cuello arriba. Es una sensación y las sensaciones no se arrancan aunque duelan… Oprime el cuenco cuando sientes que tu tren ya no pasa, que todo pierde color y que la esclavitud autovoluntaria por la que has caminado te ha restado metas. No queda más que desencajar para volver al ruedo. Hay tanta entrega en silencio dentro de esa opresión que llega a doler cuando, en lugar de palmaditas non petitas, se dan bofetadas a ver si alguna te duerme despierto. Y preguntas por qué. No hay respuesta, no hay causa. Te ha tocado y tienes que morder la rabia dentro del cuenco. Salta la sangre de la lengua por debajo y solo puedes tirar de él hacia arriba, sin conseguir más que comenzar a ahogarte del esfuerzo vano. Y dentro de esa autoesclavitud toca poner en la balanza los daños. Primera consulta en salud mental. Cada vez más cola. Más de 3.000 pacientes llegan con la opresión de un cuenco al Hospital El Bierzo cada año. Quinientas se quedan. Y al año la cola suma, un 10% más. Entran de nuevo las matemáticas a manifestar que la ansiedad y la depresión caminan por libre sembrando opresión, que algo queda. Y seguimos en nuestras trece de seguir sin marcar territorio, aceptando la asunción de lo que no nos pertenece. Esa falta de discurso, la sumisión, es lo que deteriora a las cabezas sin barro. Si la salida es el cuenco, es cuestión de tiempo que se endurezca y comience a meterse cerebro arriba. Como un sonajero, se queda marcando el sonido de la nada en nuestro pensamiento libre. Se acabó. Eres sistema voluntario, pero sin querer. Eres contradicción y eso te incluye en el 10% de nuevos adscritos al SOS sanitario. Tal vez el grito resuene entre esas cavidades de opresión que saben de su vulnerabilidad ante ese sonido. Tal vez la fuerza esté justo donde la restamos, dentro del problema que alguien inventa solo para tener una capacidad de poder ilusoria. Moldea un cuenco señuelo y la buena voluntad no desconfía que sea esa una buena pieza para encajar una cabeza. Hemos llegado a ceder por nada, a no molestar, a agacharnos, a cerrar los puños. La boca nos sabe a sangre…y solo vemos una salida, llenar las consultas. 

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