Las personas sin cargo ni función pero con elevado interés por ser el centro del mundo nunca han sido santos de mi devoción. Algo parecido me ocurre con los que quieren ser la estrella cuando llegan al bar y elevan notablemente el tono de voz para que el resto de parroquianos sepan que están allí, llamando por el nombre de pila a las camareras y relatando el árbol genealógico del que está al lado por aquello de demostrar ser el listillo del grupo. Y muchas veces los que tienen un afán de protagonismo tan destacado también son capaces de llegar a extremos como el de llamar por teléfono o mandar mensajes a un periodista en busca de la confirmación de algo que en su mente ya está prácticamente ratificado.
Me ha pasado a mí, así que no necesito recurrir a terceros ni metáforas para contarle el ejemplo de gente tan pretenciosa como la que puede verse perfectamente retratada detrás de unas líneas como estas. Sea o no sea, que hay de todo. Por eso permítame –sin que sirva de precedente– que hoy demuestre yo afán de protagonismo y presuma de no haberlo hecho mal del todo si cuando disparo una bala con una trayectoria concreta pero sin nombre, apellidos ni dirección deje a la presa malherida pero con fuerzas suficientes para llamarme y sonsacar. O cuando realmente va sin un rumbo concreto pero hay tres candidatos dispuestos a ser el centro de la diana porque aseguran que están ahí… ocultos tras un puñado de letras.
Con afán de protagonismo
10/10/2016
Actualizado a
14/09/2019
Comentarios
Guardar
Lo más leído