«¿Hace el Rey lo que quiere o hace lo que el pueblo espera que haga?». Es una frase de la película ‘El discurso del Rey’ que se habrá pronunciado en La Zarzuela después de que Felipe VI terminara la ronda de contactos. El monarca propuso para la investidura a Alberto Núñez Feijóo a pesar de que lo más probable sea que fracase. Una decisión que de manera excepcional argumentaba La Casa Real en un interesante comunicado que explica en pocos párrafos el momento convulso que vive la política española y el tremendo desgaste al que está sometiendo a nuestras instituciones.
En una monarquía parlamentaria el Rey no tiene otra opción que hacer lo que el pueblo espera que haga. Y, a pesar del griterío de las minorías, fue exactamente lo que hizo. Lo que el pueblo espera que el Rey haga es respetar escrupulosamente la Constitución y el resultado electoral. El PP fue el partido más votado. Felipe VI lanza su propuesta tras escuchar a los líderes de los partidos con representación. Cuatro de ellos no acudieron incumpliendo sus obligaciones parlamentarias. Lo que el pueblo espera que el Rey haga es salvaguardar la certidumbre (esencia última de la monarquía hereditaria). Por tanto, el monarca no puede proponer por lo que publica la prensa ni por una suposición del voto de esos grupos. Lo que Felipe VI conoce es que Feijóo es el candidato con más apoyos aunque no alcance la mayoría necesaria. El resto es Sánchez vendiendo España en libras de carne.
Sin embargo, el Rey también hace lo que quiere. Fue exactamente lo que hizo. Advierte con elegancia en ese comunicado del riesgo que supone que la gobernabilidad y la legalidad vuelvan a descansar en aquellos que le niegan a él, las reglas de nuestra democracia y la arquitectura constitucional. Porque aquellos que cumplen las normas a medias, aunque cosan una mayoría de retales, jamás podrán defender el interés general de los españoles. Ese es el deber del Rey y lo que quiso repetirle a Pedro Sánchez.