Yolanda Casado

Como una niña en Navidad

03/03/2026
 Actualizado a 03/03/2026
Guardar

Navidad, esa época mágica del año. En algunas ocasiones afortunadas tenemos la dicha de poder repetirla y que no se limite solamente a diciembre y por eso me encanta la época de campaña electoral. Ahí vuelvo, más que en ningún otro momento, de nuevo a la infancia.

Soy una niña otra vez, maravillada ante una tienda de juguetes. Cantidad de cosas podrían ser mías. Solo tengo que pedirlas. Solo tengo que esperar al día mágico en que todos mis deseos se harán realidad. Relleno una carta, la meto en el buzón o la entrego en mano y a esperar para recoger el resultado de mi petición.

Es tan fácil, tan sencillo, que nada puede fallar. Y no lo hace. El día indicado, puntualmente, recibes lo que has pedido. Bueno, casi todo, pero algo bueno recibes. A veces te llegan cosas que no pediste, pero como mágica que es la época, quien te lo deja, sabía que te encantaría. Y nunca defrauda.

Pues los períodos electorales son lo mismo. Tras cuatro años ocultos, de pronto, aparecen unos personajes mágicos con caras amables y grandes sonrisas que te prometen que van a hacer todos tus sueños realidad. Vienen cargados de pegatinas, bolígrafos y musiquillas pegadizas. Es tal la alegría que transmiten, que las ciudades se engalanan para la ocasión y carteles con sus radiantes semblantes adornan nuestras calles.

Allá donde mires, un póster de colores llamativos te anuncia que el gran día está a punto de llegar. Y se nota en el ambiente. El nerviosismo, por si tienes que hacerte cargo del buzón para las cartas. Un honor imposible de rechazar que a todo el mundo nos preocupa.

La omnipresencia del acontecimiento en los medios de comunicación, y las promesas, sobre todo las promesas. Como período mágico que es, no faltan las ofrendas. Nuestra vida va a mejorar ostensiblemente a partir del día señalado si en el sobre introduces la opción correcta. Porque es lo que te dicen, que solo una es buena, que las otras conllevarán la destrucción del mundo tal y como lo conocemos

En realidad, es la versión adulta del «te van a dejar carbón». Ya somos todos mayores para saber que en cuatro años podemos cambiar de opinión, que nuestra elección de hoy no acarrea una permanencia de por vida. Pero ese pequeño susto es parte de la gracia del acontecimiento. Con impaciencia espero a que comience la campaña para que me regalen los oídos: mejoras en sanidad, en educación, más trabajo, mejores infraestructuras, menos impuestos… Todo podría suceder.

Al final, todo todo no te traen, que tampoco hay que ser pedigüeño, pero por lo menos, algún bolígrafo nos dejarán.

Lo más leído