07/04/2026
 Actualizado a 07/04/2026
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Cuando decimos que alguien está  «como una cabra» pretendemos señalar, de acuerdo con el diccionario, que «actúa de una forma muy excéntrica, impredecible y alocada. Se utiliza para describir comportamientos inusuales, desinhibidos o temerarios». ¿Acaso no sirve esta expresión para calificar a Donald Trump? Hay quien dice que es un genio, dado que los genios también suelen ser un poco raros; pero algunos de sus comportamientos parecen más bien propios de un botarate. Además, tiene cosas que no dicen nada bien de él, como el trato, a veces sin piedad, hacia los inmigrantes latinoamericanos. No es, precisamente, un signo de bondad. Eso no justifica que sea un acierto desde el punto de vista diplomático enfrentarse directamente con Estados Unidos por las torpezas de su Presidente. No sería imposible que, si un día el tirano de Marruecos quiere invadir Ceuta y Melilla o Canarias, lo consiga y no tengamos quién nos defienda. La experiencia dice que más de una vez, los yanquis, tan despreciados por los europeos, han sacado las castañas del fuego, como así ocurrió con el desembarco de Normandía o la guerra de los Balcanes. La comodona Europa,  dormida en los laureles, debería espabilar.

Pero nadie es tan malo que no tenga sus cosas buenas. El acabar  con la chulería de Maduro o el intentar acabar con la dictadura cubana, si se llegara a alcanzar una verdadera democracia en estos países, es muy de agradecer. Otro tanto podemos decir del deseo de acabar con la tiranía de Irán, que es  un verdadero peligro para la humanidad. Lo que ocurre es que hay que saber hacerlo y medir muy bien los pasos a seguir para conseguirlo. Digamos que Trump tiene algunas ideas bastante aceptables, pero que no sabe llevarlas adecuadamente a la práctica y que pega demasiados bandazos. Tampoco ha sabido gestionar el tema de Ucrania ni evitar los excesos en el tema de Gaza. Pero no por ello es menos preocupante la situación del mundo actual, en manos de tiranos. Eso no justifica el uso indiscriminado  de la fuerza, de la violencia, sin tener en cuenta las consecuencias para tanta gente inocente.
Lo bueno de Estados Unidos es que, a diferencia de otros países en los que es muy difícil, prácticamente imposible, sacar del poder a los dictadores, todavía es posible la alternancia en el poder. Sin embargo, suele ocurrir que los que critican los excesos de Trump no piensan lo mismo de los excesos de sus adversarios, ya sean comunistas cerriles o líderes del fundamentalismo religioso, entre otros.
 

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