En este sentido, más de una vez he comentado en privado el raquitismo de los medios a la hora de dar cabida a los sucesos que brotan de la fe religiosa, salvo que algún repórter Tribulete, que en todas partes se mete, le dé por armarse de valor y ofrecer al director algún reportaje de esta índole, con el riesgo de que, si hay abundancia de otras materias, este se vaya por las cañerías del desagüe. Verdad es que se suele prestar atención a las personas de Iglesia relacionadas con estas tierras que descuellan por alguna obra buena, en especial si es de solidaridad. Verdad que se dedican espacios (con manejo más que nada de la paleta del colorismo y del folclore) a la etnografía religiosa, particularmente si afectan a romerías, a fiestas de interés turístico o al patrimonio histórico-artístico. Y también a las noticias locales de índole creyente si las sirve el corresponsalde la comarca. Lo que no faltará, por supuesto, será cobertura amplia cuando la Iglesia o sus cercanías generen alguna noticia que provoque escándalo o favorezca el morbo. Ejemplos tendríamos en abundancia.Baste uno. En los años (y son muchos) que uno lleva en esta tarea de la comunicación, medio foráneo hay que solo nos ha urgido información sobre dos cuestiones, que casi se pueden adivinar: la pederastia en la diócesis y el incendio de la Pulchra, con ocasión del desastre de Notre Dame. Quien tenga que hacerse una idea por ese conducto de que la Iglesia que peregrina en León también existe, se quedará en si en ella hay o no hay casos de pederastia y en si hubo o no hubo (¡mal rayo me parta!) un incendio en la Catedral. Y no es eso. Al menos no es solo eso.
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