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Come y Calla

Periodista
03/06/2026
 Actualizado a 03/06/2026
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Como leonés no sé si estoy más saturado de los homenajes a Doña Urraca, de las movidas entre Cendón y Diez o de los festivales de hamburguesas. Dado que la semana pasada fue el día mundial de este plato, que ya tenemos ahí el Come y Calle y que estoy escribiendo esta columna con la barriga llena, ahora mismo diría que de lo tercero. Super Burger Street, Smash Champions Fest o el trío de palabras en inglés que encajen de forma lo bastante flipada entre sí, el caso es que casi todos los meses llega a la Plaza de Toros o al Palacio de Exposiciones algún encuentro de ‘food trucks’ con sus hamburguesas de color azul, con Doritos como ingrediente estrella o, quizá la mayor aberración de todas, de buey con 180 días de maduración. Pues eso, que si estás vendiendo carne de El Capricho sobra esa salsa naranja y hasta que la metas entre panes.

El mamoneo de la sociedad, en general, y de la gastronomía, en particular, alcanza una de sus máximas expresiones con el ‘boom’ de las hamburguesas. Sin darnos cuenta cómo, han pasado de americanada y de comida rápida a un plato mucho más elaborado, casi ‘gourmet’. Hechas para la foto y cada vez menos para ser atrapadas con las manos, su precio casi se ha duplicado desde la pandemia. Así, de un tiempo a esta parte, se ha normalizado lo de pagar 15, 18 y hasta 20 euros por un almuerzo o una cena que siempre fue para salir del paso.

Tanto las ‘food trucks’ como los locales de hamburguesas se parecen cada vez más entre sí, con semejantes salsas secretas e idénticos rótulos de neón. Todos ellos vendiendo supuestas experiencias culinarias en una peculiar competición por quién acaba haciendo la hamburguesa que se parezca menos a una hamburguesa. A menudo, innovación y repetición son términos que se confunden. Pasó antes con la ginebra, con las tartas de queso y, dada la evolución de todo, acabará ocurriendo hasta con los bocadillos de chóped. Al tiempo. Ya me veo a algún cansino ‘gastroinfluencer’ haciendo un vídeo del top tres de mejores charcuterías para tu bocata en el barrio de El Ejido.

Me gustan las hamburguesas tanto como a cualquiera y la profesionalización de algunos locales eleva su calidad, pero las redes sociales y el marketing han creado una calórica burbuja en torno a ellas que se manifiesta en cierta saturación y en una interminable escalada de precios. Lo verás, te acordarás de esta columna, en un par de semanas mientras haces cola en el Come y Calle. Tu billete de 50 va a quedar en astillas por dos hamburguesas y unas patatas, pero las fulgurantes pantallas de la caravana en la que esperas tu cena muestran queso goteando a cámara lenta entre panceta churruscada y la palabra «chorreo» con mucho ‘brilli-brilli’ y a todo color. Un ataque epiléptico para el hambre que tienes. Es imposible no caer, así que come y calla… Come, paga y calla. 
 

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