La Giralda, los naranjos, las murallas del Real Alcázar, patios, rejas, fuentes, callejuelas. El Guadalquivir te lleva hasta Triana desde la Torre del Oro. La Plaza de España, los jardines de María Luisa, el barrio de Santa Cruz. Sevilla, como dice la canción, tiene un color especial, es flamenca y elegante, y ayer su Plaza Nueva fue un clamor de ciudadanos que, a pesar de soportar un calor de justicia, salieron a la calle con banderas para apoyar a sus hermanos ceutíes.
Regresaba yo de maravillarme con la hermosa Plaza de España y vi caminando numerosos grupos de jóvenes cantando soflamas pacíficamente, bandera al hombro. Seguramente, los que se quejan de que algunas personas llamen Charos a ciertas mujeres, llamarán a estos chavales Cayetanos. Qué poco me gustan los motes y qué polarizados convivimos. Eso es lo que buscan, eso es lo que quieren.
Ceuta y España bien merecen nuestro amor, nuestro esfuerzo y comprensión, lo que no significa que haya que disparar ni tratar mal a nadie, simplemente no dejar entrar una marabunta de personas indocumentadas que ocupen una ciudad al asalto creo que hubiese sido esperable.
Escribo esta columna con sinceridad y en libertad plena. Soy una mujer liberal y de izquierdas. No me identifico con la derecha, aunque respeto a todo el mundo, no dejo de hablar a nadie por su sentido del voto.
Llevo semanas soportando la censura de algunos conocidos y usuarios de redes que dicen sentirse decepcionados con mis palabras. Ese es el nivel de tolerancia de los seguidores de Sánchez. No se dan cuenta de que somos muchos quienes aplicamos el sentido común y la razón, también el cariño a nuestro país y a sus ciudadanos, no creo que Javier Bardem sea sospechoso de ser ultraderechista, pero comprende la guerra híbrida que ha iniciado Marruecos.
Todo mi apoyo a esos valientes caballas, y a mis ‘haters’, decirles que yo no tengo miedo, sin acritud pero con firmeza lo digo.
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