01/08/2026
 Actualizado a 01/08/2026
Guardar

Sobrevuela el Mediterráneo con el batido de alas discreto y sutil del que acecha con esperanza. Con la levedad del que desea encontrar atisbos de vida. Al rescate de los que no se rinden ante el reinado poderoso de un mar inmenso. Es ligero y frágil, y confía recuperar el néctar dormido de los que están a la deriva, abandonados, sobre cascarones endebles o asidos a tablones descascarillados, entregados al abrazo de las aguas, que se resisten a devorarlos. 

Por eso le llaman Colibrí a ese pequeño avión civil utilizado para buscar y localizar a personas migrantes, en colaboración con salvamento marítimo, que intentan llegar a la vieja Europa en pequeñas embarcaciones atestadas de seres humanos en huida. La aeronave pertenece a la ONG ‘Pilotes Volontaires’, una asociación francesa sin ánimo de lucro que opera en el aire desde 2018. 

Y no recuerdo si fueron los ojos de Colibrí los que posibilitaron el rescate de Peace, una joven ghanesa de 25 años, en aguas internacionales cercanas a Libia. La joven, embarazada, ya había roto aguas y estaba de contracciones desde hace tres días cuando la encontraron. Fue el barco español Open Arms quien la rescató, y un médico que atendía por primera vez un parto, ayudado de varias mujeres rescatadas, ayudaron a salir a la vida a una niña que, después de aproximadamente treinta extenuantes minutos de reanimación, pusieron por nombre Miracle, por su manera de aferrarse al mundo exterior. 

Se lo contaba esta semana Óscar Camps, dueño del buque de vigilancia, búsqueda y salvamento Open Arms, a Mercedes Milá en un programa de la 2 TV. «En el mar, ayudar a alguien que se está ahogando, es una ley universal. Es cuestión de humanidad».

Recuerdo que en una ocasión un alumno, me contó orgulloso que su abuelo había muerto porque se tiró a salvar a una persona que se estaba ahogando en el río. La persona vivió. No recuerdo los detalles del caso. Pero sí la expresión de orgullo del nieto cuando me contaba la gesta del héroe de su familia. 

Héroes anónimos que salvan vidas: del agua y del fuego tan tristemente protagonista, del que estos días vemos rescatar y acompañar a los que han perdido todo, menos, quizá la esperanza.

Aparece en la página web de la ONG ‘Pilotes Volontaires’ la leyenda de unos nativos americanos que justifica el nombre elegido para su nave rescate: Un día, se produjo un gran incendio en la selva. Todos los animales huyeron aterrados. Solo quedó el colibrí chiquitín recogiendo pequeñas gotitas que luego derramaba con su pico sobre el fuego. El armadillo, molesto por el trajinar nervioso del pequeño pájaro, que volaba inquieto en todas las direcciones posibles, le recriminó: «¡Colibrí! ¡Vaya esfuerzo loco!, ¿no ves que es imposible que llegues a apagarlo tú solo?».

A lo que el colibrí respondió: «Lo sé, pero yo hago mi parte».

Añadir La Nueva Crónica como fuente preferida de Google de forma gratuita

Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.

Activar ahora
Lo más leído