Ni Lamine, ni Kylian, al final ganó Coda. Se habían puesto de campaña como si fueran también al 29-N, entre entrevistas cucas, declaraciones fanfarronas y esos yoyoyo tan del yolandismo que en paz descansa. La España futbolística del cuore se debatía entre sus dos histriones favoritos, y al final lo robó el inglés; retrocedimos dos siglos, y aún no gobierna la derecha. Verá usted cómo lo vamos a pasar a partir de diciembre en taparrabos, picando piedra y pintando búfalos en las cuevas. A más.
A Pedro le han dicho los ‘puppets’ de Moncloa que bailara y Pedro baila, mejor que Vinícius, peor que Maduro. Toca bailar, con camiseta, con amor, qué más da, para olvidarlo todo, para hablar de nada, para a escondidas quitarse piedras de la mochila, para que la norcoreana de TVE tenga pétalos de flor que escupir a los suyos. Todo paso es bueno, bonito, inmejorable para él, dicen. Me cuentan fuentes fiables que andan preparando el sacrificio satánico y televisado de un corifeo cualquiera: será el apoteosis de la remontada, el penalti del tinte de Iván Redondo. ¿Perder? Puede que hoy, pero lo hará 10 veces si es necesario, porque no estamos preparados, y a quemar las calles (aka Puente y Bergerot) porque nos lo merecemos, por pecadores, impuros y fachillas desagradecidos: sean bienvenidos cachorrillos Jean-Luc Vladimir.
El centro blandurrio español se murió por los pactos senatoriales, dicen, y yo busco cuándo existió; lo que antes eran dos partidos ahora son dos bloques, me cuesta ver diferencias, puede que sea mi edad. No deja de ser un espacio movido a conveniencia, de la izquierda normalmente, desde el que se ganan elecciones, dicen, seguiré buscando, también esta teoría. El centro es Coda, el «depende» que te lanza ese gallego que no le da la gana de contestarte, el balón del fútbol o de la política, y ya
Hallé en los fondos abisales de la casa un artículo de Mayor Zaragoza, en La Crónica 16 de León, en el 27 de mayo de 1994: «La política debería ser esa rebelión tenaz que procura cada día ejercer la ética y hacer realidad los sueños». Pobres nosotros, o pobres ellos, no sé.
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