El círculo de OncoBierzo

02/06/2026
 Actualizado a 02/06/2026
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Se nos ha ido de las manos tanto el presente, que no tenemos fuerzas ni para agarrarlo. Y es que contamos movilizaciones y procesos judiciales indignantes por encima de nuestras posibilidades matemáticas. Se suman educadores, trabajadores de correos, médicos, impagados municipales, y, omnipresente, mirando siempre fijamente la misma meta, OncoBierzo. La plataforma berciana no es una más en esta retahíla de gritos enfadados. Es la hija de una rabia interna, íntima, tan propia que llegó a ser compartida. La de ver la vulnerabilidad de un enfermo socavada por una infame desatención pintada de escasez sobrevenida y de culpar a los que no estuvieron, por estar cansados de ocultar la evidencia. Y cuando todos se encuentran en un mismo sentimiento, se desata algo profundo y de verdad. Cuando alguien se pone detrás de una pancarta frente a un hospital pidiendo solo médicos, es que se han ido rebasando  cientos de líneas rojas. Porque sanidad y educación encabezan las prioridades de una sociedad que se define como tal. Y su sustento es el que cura. Y el sustento del que cura son unos presupuestos que hacen las esferas encorbatadas llenas de siglas y colores. Y el sustento del que enarbola la bandera de su partido político está en…uy, esta definición no hay diccionario ni  RAE que la recoja. Hay un círculo en todo que tiene que cerrarse para funcionar como rueda, y no encontramos ese cerrojo aquí. Las especulaciones no lo son y dejan abiertas cientos de hipótesis que funcionan como la desconfianza a la verdad. No sirven. Tampoco la venta de que el problema es de todos y meter dentro de la misma manta de responsabilidad al que pide que al que resta. Estamos acostumbrados ya a arrastrar las culpas y solo hemos metido un papel en una urna. Esa es nuestra sentencia. Pero no conseguimos ver el hilo que ata la simplicidad de ese movimiento de mano a  las decisiones de gestionar para otros. Si de algo somos responsables es, tal vez, de escoger la opción que no nos representa. Lo que eso desencadena es otro círculo, este sí cerrado, para coger velocidad, que se nos escapa de las mismas manos que no agarran el presente. A toda mecha pasan las palabras, las promesas, las fotografías, los aplausos y los reproches. Y mientras la rueda hace su función, el suelo que pisa sigue llorando sobre un abandono traducido a cenizas. Pero OncoBierzo continúa, sin dejarse incluir en ese redondel, cabalgando en una soledad multitudinaria que quienes ruedan rechazan calibrar, hacia un único fin: que no haya nunca más un paciente que no encuentre un médico detrás de la puerta de una consulta. Gracias por los pasos en silencio y los atronadores. Por mover la rueda, aunque esté abierta y por la complicidad de una mano que otros han restado. 

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