Las cigüeñas no anidan en San Blas

24/02/2026
 Actualizado a 24/02/2026
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El castillete de San Blas ya no espera a las cigüeñas en febrero. Quizá temen aposentarse en una cima tan inestable, vetusta y vulnerable, que empieza a acusar el paso de los siglos sin un bastón que le ayude a sostenerse frente a las piedras del tiempo.

El llamado castillo de Disney en El Bierzo, esa ensoñación arquitectónica levantada en el siglo XVIII a orillas del Boeza, de entusiasta estilo neogótico y hoy parte del Patrimonio Histórico Español, hace tiempo que se quedó solo. Escucha el viento. Oye el tintineo de los alambres enredados en una valla que lo separa de las miradas que podrían denunciar su estado.

Sus árboles singulares, sus tres torreones y la extensa finca, ya devorada por la vegetación y el lodazal, dejan claro que nadie lo cuida. Hace una década hubo un intento de integrarlo en el catálogo turístico de Ponferrada como espacio de ocio, naturaleza e historia. Pero el castillete parece haber nacido con vocación de aislamiento: condenado a vivir solo y, tal vez, a desmoronarse en silencio.

Sus piedras no se suicidan; simplemente ceden. Algunas se desprenden, otras se rinden al peso de los años. Todas acaban en el mismo suelo, donde el musgo convierte lo que fue techo en tierra. Ese musgo es hoy el testigo de un olvido que para unos es buscado, para otros inevitable, y para una plataforma ciudadana, intolerable.

Porque hay quienes no han dejado de reclamar una segunda vida para esta herencia de los Valdés, cuyos terrenos debían servir de huerta para sostener el asilo construido junto a él, por expreso deseo de su último propietario. Hay memoria detrás de sus muros. Y también propósito.

Ayuntamiento y Fundación Fustegueras deberían llevar la batuta de su recuperación, pero el tiempo avanza más rápido que los compromisos. Mientras tanto, el castillete despide a las cigüeñas como quien se despide del vuelo, del sueño, de la posibilidad de volver a ser casa.

Hoy parece haber quedado atrapado en ese filtro social que sentencia: si no sirves, quedas fuera. Y sin embargo, no está del todo solo. Hay voces que siguen reclamando su regreso. No son únicamente nostálgicos; son también herederos del impulso de Daniel Valdés, el hombre que un día imaginó aquel perfil recortado sobre la sombra del cielo berciano.

Algo tiene el castillete que se hace querer, incluso herido. Algo que lo convierte en postal aun mostrando cicatrices. Tal vez sea esa mezcla de romanticismo y ruina, de belleza y abandono. Y quizá, precisamente por eso, todavía no todo esté perdido.

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