Según cierto número de españoles, ciertos partidos políticos y ciertos medios de comunicación, uno de los problemas de este país son las ocupaciones de vivienda. Y tienen razón. Grandes zonas de nuestras ciudades, barrios concretos y manzanas enteras están siendo ocupados desalojando a los vecinos que los habitan para convertirlos en alojamientos turísticos o residencias de temporada. Gentrificación, turismo y fondos de inversión (“buitres”, los llaman) se han aliado para expulsar a inquilinos mediante procedimientos que incluyen la extorsión, el acoso o la imposición de alquileres impagables. Esa ocupación afecta a multitud de ciudadanos honrados que no se ausentan de su casa y se la ocupan de repente, sino que viven en ella y son expulsados con insidiosa y aparente legalidad.
Según cierto número de españoles, ciertos partidos políticos y ciertos medios de comunicación, uno de los problemas de la identidad de este país es la posibilidad de un reemplazo demográfico que amenace costumbres e idiosincrasia. Y tienen razón. Existen extensos territorios de este país donde se está produciendo o ya se ha producido tal sustitución poblacional con el resultado de que apenas se escucha allí ninguno de los idiomas oficiales y no se topa natural del país en kilómetros a la redonda. Este reemplazo lo protagonizan pensionistas del centro y norte de Europa, cuyas residencias conforman urbanizaciones, barriadas y hasta ciudades enteras en Mallorca, Ibiza, Canarias o la costa mediterránea.
Según cierto número de españoles, ciertos partidos políticos y ciertos medios de comunicación, uno de los problemas de este país es la corrupción de determinados estamentos. Y tienen razón. Cada vez que un juez actúa partidistamente, cada vez que un notario se ausenta de la firma de una compra de vivienda para que en su despacho sucedan transacciones ilegales, cada vez que un gobernante antepone el beneficio empresarial al interés general el sistema se agrieta, corrompe y quiebra.
Según cierto número de españoles, ciertos partidos políticos y ciertos medios de comunicación, uno de los problemas de este país son los ataques a la verdad. Así es. Cada vez que la denominada prensa seria crea o difunde bulos y patrañas sin contrastar o con obvia parcialidad, las verdades son transferidas a la manipulación inicua de medios alternativos.
Según cierto número de españoles, ciertos partidos políticos y ciertos medios de comunicación, uno de los problemas de este país es la delincuencia reincidente. Y tienen razón. Los tecnoligarcas llevan décadas robando información a los ciudadanos de todo el mundo para cebar una “inteligencia artificial” llamada a controlar nuestras certezas, sin pagar derechos de autor o compensar de nada a nadie, sin pagar impuestos justos, consumiendo agua y recursos y confundiendo a esos mismos ciudadanos con medias verdades y la propagación de delitos de odio y difamación. El delito más grande y continuado de la historia, en efecto.