Y me dije: a tu entierro, no; a tu cima, sí. Quizá porque las despedidas duelen más cuando se mira hacia abajo. O porque necesito pensar que te has quedado allí donde dejaste tu huella: en las cumbres y en los corazones de quienes aprendieron a mirar el mundo un poco más arriba gracias a ti.
Y tenía que ser el Catoute. Este invierno, la nieve no encontrará tus huellas, aunque estarás en el viento, intentando apagar el frío para ayudar al montañero a encontrarte en tu cima. No te has ido Eloy, sigues agarrado a ese Bierzo que te dio cuna y del que salió el primer club de montaña de León. Era un club, eras tú, era Gistredo y eran los 70 despegando envueltos en una chaqueta de plumas con un piolet en la mano y un mapa señalando la altitud de las grandes rocas. Del Miravalles a los Pirineos, y en casa miles de relojes dictando un tiempo que se te escapaba. Jamás anuló tus ganas, sí las fuerzas. Pero Gundín era el tesorero de la montaña berciana, el nombre de quien ha sabido acariciar con los pies cada peldaño de subida y agradecer la bajada.
Has sido montañero fiel, sonrisa, testigo y maestro, pero sobre todo la mano humilde que ofrecía, siempre ofrecías. Cada Semana de la Montaña de noviembre (este brillará por ti) era casa y orgullo en un Bembibre que te siguió los pasos. Porque siempre fuiste quien los marcaba allá arriba, donde ahora lo sigues haciendo, sin mirar el reloj que marcó tu presente. No sé qué nube se pasó por alto que eras necesario aquí, en este hueco de vida donde sabíamos lo que era válido, lo de verdad, lo que ahora se esconde detrás de una esquina virtual y no palpita. Y ahora hay cierta orfandad en todo lo que sabe a cumbre. Faltas en el hoy pese a que dejas una historia que contar, la de los que pusieron en valor los picos albos y los sintieron dentro. Fuiste su aplauso y su defensa. Y sobre todo su amante. Quedaron cosas en esa mirada de niño del Eloy que se abrazaba a todas ellas aunque supiera que no había mañana. Pero te vas. Y dejas un vacío que hace que tuviera sentido que un día señalaras a la montaña y dijeras que después de aquella curva, estaba el cielo.
Añadir La Nueva Crónica como fuente preferida de Google de forma gratuita
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.