Como fiel defensora de la libertad de expresión y también del honor y la dignidad humana, sobre todo de los colectivos vulnerables, quise ahondar en este tema y ver cómo el tribunal la fundamentaba. Ya que como el propio humorista dice, ahora «es un chiste legal».
La libertad de expresión lógicamente tiene límites, los cuales vendrán dados, entre otros motivos, cuando ataque algún derecho de terceros. Esta premisa es cierta, pero no va a aplicar de igual manera si estamos hablando de humor. El humor por naturaleza es sarcástico, tiene como fin reírse de todas las situaciones, tiene una función subversiva; quiere romper, de una manera cómica con el orden social.
Además, hay que tener muy presente que para que una acción sea delito de odio, debe cumplir con dos requisitos. Por un lado, que la víctima pertenezca a una minoría vulnerable, ya que no todo el mundo puede ser víctima. Por otro lado, que se incite al odio o la violencia. Un simple comentario en el que exista sentimiento de rechazo y que no genere ese odio, no va a verse penado por muy contrario que sea a la moral.
Hoy en día este tipo de comentarios tienen un peso mayor en la sociedad y nos cuestionamos cada vez más si deben ser castigados o simplemente son de mal gusto. Es algo fantástico que nos despierte ese punto reflexivo, pero también debemos ser conscientes de que el humor, sobre todo el negro, es ofensivo por naturaleza y en ello está su esencia.
Creo que debemos relajarnos y tomarnos la vida… «con más humor».
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