«Un tractor, por favor, algo, Herreros se quema». «Por favor, difundid, necesitamos gente en Filiel, el incendio está llegando al pueblo y no hay nadie». «Necesitamos ayuda en Lucillo YA. El fuego está llegando al pueblo». «Necesitamos ayuda en Luyego. Voluntarios para trabajar en la línea de defensa y herramientas para frenar el fuego». El lunes 11 de agosto se creo un chat, «Ayuda Incendios». En una hora había mil personas. Llegaban informaciones de fuegos de todas partes de León y llegaban manos y ganas de ayudar. ¿Cómo se gestiona eso? Quien estuviera detrás fue creando chats paralelos, uno de sanitarios, otro de psicólogos para los evacuados, otro de gente que iba con los tractores a cavar zanjas cortafuegos a los pueblos, otro de gente que se ofrecía a ayudar a llevar agua y comida a los animales. Uno ponía un camión lleno de pacas. Otra donaba dinero para pienso. Otro, su tractor, otra, su bomba de agua. Los mensajes eran rapidísimos, la angustia crecía. A veces se colaban informaciones falsas, el fuego llega a La Bañeza, o el fuego ha saltado a no sé dónde. Y quien estuviera detrás ponía las cosas en su sitio: acabo de hablar con Protección Civil y han dicho que no o han dicho que tal y cual. A veces los participantes colgaban frases indignadas y quien estuviera detrás decía: dejad eso para después, ahora hay que echar un mano.
Día y noche durante once días. Yo veía pasar las informaciones. Y las llamadas de auxilio. Las llamadas de auxilio me llegaban al alma. Ese chat era como el repique de campanas de un pueblo tocando a fuego, todos unidos en la facendera.
Hoy escribí al creador del chat para darle las gracias. Se llama Adrián Sánchez Fraile. Es el coordinador de la asociación de emergencias Avan León, una organización fundada en Galicia con delegación en León. Treinta personas de Avan han estado día y noche ayudando, además del grupo de sanitarios creado para esta emergencia. Me dice Adrián, «ha estado todo mi equipo al 200% en contacto con el 112, puesto de mando avanzado, con bomberos forestales... Han sido once días de no parar, de visitar pueblos llevando víveres a sus habitantes y a todos los intervinientes». Y dice también: «Lo más duro ha sido ver cómo muchas personas perdían sus hogares en los pueblos y se quedaban sin nada».
Y termina: «Hay que dar las gracias a todos los que han defendido los pueblos de las llamas, tanto vecinos como agricultores, ganaderos, bomberos forestales, Brifs, Elifs (brigadas de helicópteros), bomberos Sepeis de la Dipuptación, bomberos de ayuntamientos...». Y yo digo: hay que dar las gracias a nuestro espíritu de comunidad. Donde no llega la administración, llegamos nosotros. León salva a León. Y ahora, hay que seguir apagando fuegos y empezar a pensar en el día después, que será durísimo, pero será. Y lo haremos bien porque cuando queremos, podemos hacerlo bien. Pero eso ya lo dejo para la próxima columna