Jorge Brugos

Cendón, no lo llames extrema derecha

04/05/2026
 Actualizado a 04/05/2026
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Dicen que si no te menciona un youtuber, no eres nadie. Cruzar el Rubicón del mundo real y pasar al digital hecho a imagen y semejanza de las nuevas generaciones es la forma posmoderna de derrotar a la muerte y ganar la posteridad. Contaba David Jiménez, exdirector de El Mundo, que a pesar de haber escrito varios Bestseller, dirigido un periódico nacional o haber explorado las fronteras más inhóspitas como corresponsal, sus hijos no le empezaron a admirar hasta que atravesó la frontera de lo tangible y le invitó Jordi Wild a su podcast. Si antes las cosas se cocían en el Café Gijón, hasta el punto de que Raúl del Pozo decía que si no tertulianeabas en el castizo club no eras nadie, hoy si no opinas en internet no te sientas en la mesa de los grandes coloquios.

Los tiempos han cambiado, tanto que a veces escucho conversaciones sobre estos influencers digitales y me pierdo entre tanto nombre deconstruido o seudónimo millenial. Javier Cendón ya puede decirle a sus nietos que salió una vez en YouTube. Sus hijos no sabían a qué se dedicaba su padre hasta que unos influencers le mencionaron en su canal a propósito de la obsoleta trama del Tito Berni. Una lastima que la justicia haya condenado a esos iluminados porque ya me estaba imaginando a Cendón saliendo en la próxima película de Santiago Segura. Maravillosa parodia del panorama político español la de Torrente Presidente, por cierto. Al salir victorioso del litigio, el líder de los socialistas leoneses ha dicho que no eran más que mentiras cocinadas por la extrema derecha. Creo que es demasiado generoso, están profanando las rancias tumbas de Blas Piñar y de los demás puntales de la derecha radical. Lo que tenemos ahora no es extrema derecha sino un grupo de titiriteros de lo absurdo. Uno puede ser un nacionalista descarnado, si tiene criterio y fundamenta sus tesis en argumentos sólidos. Más allá de que no esté de acuerdo, en una sociedad democrática hay que respetar al diferente; la victoria de la democracia, se plasma en la convivencia entre dos personas que aún estando en las antípodas no están separadas por un océano de incomprensión, sino remando juntos en la barca del entendimiento. 

Muchos de los folloneros que garbean en la tasca de internet no son extrema derecha, Primo de Rivera no hablaba envalentonado enjarrillado de cerveza sino fumando tabaco de pipa en el Café Gijón.
 

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