10/05/2015
 Actualizado a 12/09/2019
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Se preguntaba hace días en esta misma página el periodista Javier Callado por la razón de que, teniendo ya esta provincia las infraestructuras tantas veces reclamadas: autovías, aeropuerto y, pronto ya, tren de alta velocidad, la inversión empresarial no despunte y el paro no deje de crecer. En su reflexión, Callado apuntaba a dos explicaciones: la falta de imaginación de los poderes públicos leoneses y la hipotética actuación de un presunto ‘topo’ foráneo que, al modo del de nuestra catedral, torpedearía cualquier intento de crecimiento de la provincia, aunque, por el tono mismo de su meditación, parecía que el periodista no acababa de estar convencido del todo de sus sospechas.

La reflexión de Javier Callado me hizo recordar una conversación que tuve hace algunos años con el historiador Secundino Serrano, ese discreto y paciente estudioso de nuestra historia, a la que ha regalado alguna de sus mejores monografías recientes, y una de las cabezas más lúcidas que yo conozco, no sólo en nuestra provincia, sino en España, quien, ante el mismo tema, sentenció sin ánimo de descubrir la pólvora pero haciéndolo. El principal problema de León, me dijo Secundino, es la falta de cultura empresarial. Y, para demostrármelo, enumeró los nombres de las empresas y los apellidos más conocidos de ellas en elsiglo XX en León: Hullera Vasco-Leonesa, Elosúa, Eguiagaray, Amilibia, Aldeiturriga, Valmaseda…, la mayoría de ellos de origen vasco y vinculados a la minería. La tesis de Secundino es que en León la inversión empresarial siempre ha llegado de fuera y que los leoneses nos hemos habituado a ello, dando por hecho que siempre iba a ser así. Y, cuando eso ha dejado de ocurrir, el chiringuito se nos ha venido abajo.

Sin pretender llegar a la altura de miras de Secundino, yo dije algo parecido en una entrevista hace mucho tiempo, pero recuerdo que a mis compatriotas les sentó muy mal: que la solución a la decadencia de León era repoblar la provincia con catalanes, Quizá sea hora de repetirlo.
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