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El caso de Lindsay Clancy: locura y sectarismo en estado puro

06/09/2026
 Actualizado a 06/09/2026
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El 24 de enero de 2023, Lindsay Clancy, enfermera obstétrica de 35 años que vivía en Massachusetts, envía a su marido Patrick a una farmacia y a por comida. Mientras él está fuera, estrangula con bandas elásticas de hacer ejercicio a sus tres hijos: Cora de 5 años, Dawson de 3 y Callan de tan sólo 8 meses. Después se autolesiona y salta por la ventana de un segundo piso. Sobrevive, pero sufre una lesión medular que la deja en silla de ruedas. 

Ahora, la fiscalía le pide que responda por asesinato en primer grado. Su defensa, sin embargo, sostiene que no es penalmente responsable porque, en ese momento, sufría una grave psicosis postparto. 

Cinco semanas de juicio televisado, uno de los más mediáticos de los últimos años, que ha desatado la locura en EE UU, dividiendo a la sociedad y copando horas y horas de televisión, podcast y publicaciones en redes sociales.

Y estos son los hechos, la tragedia y el suceso. 

Pero la noticia real, la que de verdad no sabes muy bien dónde encajar, es la ola de sororidad fanática que ha surgido en torno a este caso. Empezando por las miles de mujeres que se han estado manifestado a las afueras de la Corte Superior de Justicia, armadas con sus camisetas rosas con mensaje («ella necesitaba ayuda» o «paz para Lindsay»), activistas feministas que exigen su absolución o internamiento psiquiátrico, y que denuncian una negligencia médica que no detectó a tiempo la gravedad de su estado. 

Aquí, que no se nos escapa una, especialmente si huele a eso de feminismo vs patriarcado, hemos adoptado la polémica con fuerza. Eso sí, sin juicio televisado, con la mitad de información y con la barrera del idioma, que siempre juega en nuestra contra, pero bueno ¿quién dijo miedo? Aún menos en este país de cuñados y cuñadas, profesionales de la opinión, que con 4 vídeos de TikTok ya se ven más que capacitados para hacer un diagnóstico. 

A un lado del cuadrilátero, quienes ya han decidido que ella no es responsable de nada, que no le quedó más remedio y que nadie la ayudó. Se empecinan además en culpar al marido de todo. De la enfermedad de Lindsay, de no haberlo visto venir, de hacer vida social y de haberse vuelto a casar. El malo, el coco. 

Y al otro lado, los que no quieren ni oír hablar de enfermedad mental o de psicosis postparto, porque lo ven como una especie de clemencia feminista fuera de lugar. Estos no quieren entender que, lejos de ser una treta, la enfermedad mental grave, la psicosis, efectivamente te puede hacer perder el contacto con la realidad, y anular tu voluntad. Afectando claramente a tu responsabilidad penal. 

Y es que sí, sabemos lo que hizo, pero también sabemos que llevaba meses visitando psiquiatras, recibiendo tratamiento, sabemos que estaba sobre medicada, que padecía depresión postparto, insomnio severo, ideas suicidas, y que había solicitado ayuda repetidamente.

Qué quieren que les diga, el caso es terrible y complejísimo a nivel psiquiátrico. Yo no sé lo que pasó. Y ya lo siento, pero ustedes, tampoco. Y es que lo de sacar enseguida la pancarta y posicionarse de manera férrea e inflexible no es una cuestión de criterio propio sino de ideología. Que digo yo que tendrán miedo a que les quiten el carné de lo suyo si no opinan lo suficientemente alto. Aunque sea sin tener ni puta idea.

El delirio ha sido generalizado, y me trajo a la mente aquello de «Juana está en mi casa».

Ahora nos dicen que «cualquiera de nosotras podríamos ser Lindsay». Apoyo, comprensión, reconocimiento. Han querido convertirla en una especie de símbolo. Y yo desde aquí les digo que es perverso y aberrante querer identificar a cualquier madre agotada, deprimida y superada por la situación, con una que ha matado a sus hijos. A tres, de uno en uno y con sus propias manos. 

Hágannos el favor y dejen de desbarrar.

* Finalmente, y tras 7 días de intensas deliberaciones, este viernes el juez declaraba nulo el juicio por un bloqueo del jurado. Lo que deja en el aire el futuro de Clancy.

Sofía Morán de Paz-Leiguarda (@SofiaMdePaz) es licenciada en Psicología Clínica y Madre en Apuros.
 

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