En la edición de los premios César de 2023, Dominik Moll se coronó como el gran ganador de la ceremonia con ‘La noche del 12’, un thriller sobre el asesinato irresuelto de una joven que se llevó seis galardones, entre ellos los de mejor película y mejor director. Este año, manteniendo ese estilo sobrio y minucioso, casi diseccionador de aquello que cuenta, el realizador franco-alemán vuelve a internarse en los recovecos de la investigación policial con ‘Caso 137’, una película que logra un difícil equilibrio entre revelar la complejidad de la verdad, imposible de reducir a un único punto de vista, y evitar al mismo tiempo caer en un relativismo moral en el que las fronteras entre el verdugo y la víctima terminan por diluirse hasta desaparecer. Sin prisas por desvelar sus pistas, la narración va ganando fuerza a medida que avanza la reconstrucción de un caso especialmente comprometido en el que elprincipal sospechoso no es un asesino de identidad desconocida, sino el propio cuerpo de policía. Stéphanie, una agente que se dedica a investigar los posibles casos de corrupción o abuso cometidos por sus propios compañeros, se enfrenta a la presunta extralimitación en el uso de la fuerza por parte de una brigada especial de la policía, vestida de paisano y con casi barra libre autorizada para ejercer la violencia contra los manifestantes de los chalecos amarillos en París. Con un joven gravemente herido en el hospital por el impacto de un proyectil en la cabeza, Stéphanie se ve obligada a plantar cara con una gravedad estoica no solo a sus colegas, sino a todo un sistema construido para proteger a quienes detentan el monopolio de la violencia del Estado y cuestionar, cuando no reprimir, a quienes salen a la calle para protestar por sus derechos.
Lo más relevante de ‘Caso 137’, más allá de su técnica impecable y su modélico guion, reside en la radiografía que ofrece de la Francia de los últimos años: el creciente descontento hacia la gestión elitista de Emmanuel Macron, no por nada apodado el «presidente de los ricos»; el deterioro de los servicios públicos, uno de los grandes pilares de la República francesa; y el abandono de la Francia periférica, de las banlieues y de quienes viven en ellas, como la trabajadora negra del hotel, testigo involuntaria de lo sucedido, y la madre del joven agredido, que parecen intuir mejor que la propia Stéphanie que su lucha por hacer justicia está condenada al fracaso porque las instituciones a las que se dirige jamás escucharán su voz.
Aunque en apariencia se esfuerza por no tomar partido, ‘Caso 137’ es una película profundamente ideológica: Moll no necesita convertir a su heroína —interpretada de manera soberbia por la gran actriz Léa Drucker— en una antisistema de izquierdas ni hacer de ella una enemiga de la policía; basta con seguir a una mujer que se dedica a hacer lo mejor que puede su trabajo, y cuyo posicionamiento político apenas conocemos, para mostrar cómo la verdad, aun innegable, termina aplastada, impotente, por el poder de los de siempre.
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