En el Juego de la Oca si uno cae en la casilla de la calavera –o «casilla de la muerte»– se debe comenzar de nuevo la partida. Algo así está ocurriendo. Hemos vuelto a muchas casillas de salida o, quizás, hemos vuelto a un gran inicio general después de caer en la casilla ultra –o «casilla Trump»–. Ese retroceso se aprecia en particular en aquello de lo que hablamos y de lo que deberíamos estar hablando.
Hace tres o cuatro tiradas de dado estábamos debatiendo sobre las medidas más eficaces a corto y largo plazo para detener o aliviar un cambio climático que los científicos dan por seguro desde hace décadas y la población mundial, aparte de sufrir, conocía como verdad irrefutable. Hemos vuelto ahora a la casilla de discutir con cenutrios si existe o no el principal dilema de la humanidad.
Hace un par de tiradas teníamos claro que la migración era un problema originado en las condiciones de vida de los países de origen que impulsaban a muchas personas a buscar algo mejor. Y que debía tratarse a esos congéneres con los derechos que les asisten. Ahora estamos en si son personas de segunda y cabe encerrarlos y echarlos sin respeto, piedad o justicia.
Hace un par de movimientos, el asesinato en masa de civiles desarmados era condenado por todos, viniera de donde viniera, como la invasión o la violencia en general.
Hace varias sacudidas del cubilete, el feminismo era una parte más de los derechos humanos y nadie se atrevía a declararse machista (lo que se es, si no) y la violencia de género era reconocida por cualquier ciudadano. Estamos ahora en si existen o pueden existir. Hasta la Declaración universal de los Derechos humanos podría pasar hoy día por un programa político izquierdista cuando hace tan solo un par de casillas constituía la columna vertebral del consenso político democrático.
Mucho antes de empezar cualquier partida la Tierra era una esfera achatada por los polos. Ahora aparece cualquier tipo diciendo que «opina» otra cosa.
Lo decía Julian Barnes en una entrevista: su posición se ha vuelto más de izquierdas porque el debate se ha desplazado a la derecha. Mucho. Cuando Trump se pregunta dónde está el calentamiento global en plena ola de frío en Estados Unidos el problema no es su supuesta ignorancia, pues la sabemos orientada a hacer más y mayores negocios, sino sobre todo que ese mensaje cuestiona evidencias. Debates superados que se reanudan con la intención de emborronar la verdad y reducirla a los escombros donde levantar arbitrariedades en beneficio de unos cuantos. Escombros donde una supuesta fuerza policial descerraja a bocajarro media docena de balazos a un ciudadano por defender a sus vecinos contra la injusticia y después le imputa una actitud violenta, un arma o afirma que encerrado en casa no le habría pasado. De ahí al «algo habrá hecho» solo hay… nada. Y entonces hay que volver a explicar que eso no se hace. A pesar de que sea tan evidente.