Es La Cabrera una de las comarcas en donde mejor se conserva nuestra cultura: nuestras costumbres, nuestra lengua… o nuestra arquitectura popular. Y un buen ejemplo –salía el tema aquí mismo hace unos meses– es la localidad de Villar del Monte, que pertenece al Ayuntamiento de Truchas. Hace un tiempo que estuve por allí y, la verdad, simplemente dar un paseo por el pueblo ya es motivo más que suficiente para acercarse; pero es que hay mucho más: el molino, el Museo del Encaje, los espacios dedicados a la artesanía… Y la ‘Casa del Ayer’, de la que hoy te quiero hablar.
Cuesta imaginar –tanto más cuanto más joven es uno– cómo era la vida en nuestra tierra hace unas cuantas décadas. Pongamos un siglo. Lejos –muy lejos– de las comodidades que tenemos hoy –y a las que no les damos la menor importancia–; y no me refiero ya a tener un teléfono móvil con el que se puede hacer de todo, o una televisión inteligente –con Netflix, qué menos–; ni siquiera a tener un ordenador o wifi. Estoy hablando de que en muchas casas de nuestros pueblos no había siquiera –por poner algún ejemplo– luz eléctrica ni agua corriente. Ni cuarto de baño…
La Casa del Ayer de Villar del Monte es una vivienda típica cabreiresa que se ha querido conservar tal y como se encontraba hace alrededor de un siglo, en el primer tercio del XX, para que todo el mundo la pueda conocer. Es una casa pequeña –sin luz eléctrica ni agua corriente, como decía–, de dos plantas.
La de arriba tiene dos estancias: una habitación, con una cama, una cuna y un armario –y también mantas y calzado–; y la cocina, una cocina ‘llareira’, en donde el pote –el recipiente en el que se hacía la comida– cuelga aún de las ‘bergancias’ –así se denominan allí las cadenas sujetas al techo– sobre el fuego, que se hacía en el suelo, y en la que hay también cestos o una vajilla de cerámica. En la planta de abajo, por su parte, en donde se guardaba el ganado, se encuentran distintos aperos de labranza. Si tienes ocasión, no dejes de visitarla.