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Carteles pasionales

25/01/2026
 Actualizado a 25/01/2026
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A mediados de mes se presentaba en el Museo Diocesano el cartel de la Semana Santa de León para este año de 2026, una obra que, como viene siendo habitual entre la ‘paponada’ activa y pasiva, ha sido reverenciada por unos y contestada por otros. En esto no hay «tío, páseme el río»; es decir, no hay solución. O conmigo o en contra de mí.

Después de muchos años de andadura ‘paponil’, se sabe de antemano, se conoce lo que subyace en esos círculos cofrades para quienes nada es suficiente. Si alguien se sale de lo clásico –aunque sea con moderación-, palo y tentetieso. Y lo mío vale y lo tuyo no. Es el estigma que se arrastra desde hace décadas, pese a que en las relaciones interpersonales de quienes visten la túnica y, al caso, empuñan la vara apenas si trasciende. Pero siempre está ahí; como un latido. Y los ejemplos, para bien o para mal, lo atestiguan. 

El cartel de esta edición de encapuchados e incienso, que principia en marzo y se esponja en abril, es creativo y fino. Y con muy pocos elementos figurativos consigue un clima de permanente atención sobre lo que representa la Pasión leonesa. Por lo demás –y asimismo conviene recalcarlo- también es atractivo por su sencillez calculada. Un folio en blanco desgarrado hacia abajo, simulando en la rotura el capirote de un papón, que funde en tono púrpura –cual ánima y reflejo del anuncio penitencial- la catedral de León, una efigie de San Juan y unos cofrades portándolo. No es un cartel al uso. Es un cartel sereno y delicado.

La historia de la cartelería pasional capitalina hasta el año 2003 –ya han pasado algo más de dos décadas- la recogieron en un didáctico, ameno y fotográfico libro los periodistas locales Susana Vergara y Manuel Cachafeiro –ambos papones de acera-, quienes reflejaron y significaron las diferentes épocas en que se movían las cofradías y hermandades para la elaboración del cartel. El libro, auspiciado por la Junta Mayor, ente aglutinador de las agrupaciones pasionales, merecería ser reeditado y, naturalmente, aumentado desde entonces a acá. Cachafeiro fallecía en mayo último, en Ponferrada, y la reimpresión serviría de homenaje y reconocimiento a su ingente labor ‘semanasantera’. Si le place la idea, la pelota, ahora, y con el mayor cariño, estaría –o está- en el tejado de la coautora Vergara. 

Con todo, el cartel más polémico de cuantos lo han sido llevó la firma, en 1962, del recordado Luis García Zurdo, artista leonés de probada trayectoria en diversas disciplinas plásticas. La de vitralista quizá sea la más reconocida. Zurdo pintó para la ocasión la cabeza de un Cristo de pelo alborotado, mirada bizca y cara de hambruna. Un cromo. Y tan criticado fue el ‘retrato’, que el glorificado ‘Lamparilla’ –histórico periodista leonés- escribió: «Jesús, Dulce Nazareno / pintado de modo absurdo, / perdona quien siendo diestro / ha demostrado ser zurdo». Y el cartel fue retirado de la circulación. Una ranciedad de aquellos encorsetados años. 
 

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