Javier Fernandez

Carta abierta a Javi Rey

25/06/2025
 Actualizado a 25/06/2025
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Pasadas más de 72 horas desde que El Toralín enmudeciera, todavía cuesta trabajo poner palabras a la desilusión que sufrió toda la familia de la Ponferradina a un solo escalón de la gloria. Resulta especialmente difícil para los que nos ganamos la vida narrando las historias, pues muchas veces sus finales son tan crueles que la mente se aísla en una burbuja y te impide avanzar. Sin embargo, cuando el tiempo se congeló en las gradas del estadio, quien sí demostró valentía para encontrar un hilo de voz fuiste tú, Javi, que tuviste el detalle de negarte a comenzar la rueda de prensa más difícil de tu vida hasta que todos los periodistas locales estuvieran sentados en su silla y, al final, dedicaste unas sinceras palabras de agradecimiento por el trato que has recibido en todos estos meses, que es directamente proporcional al que has merecido. Porque, pese a no conocerte personalmente, más allá de un técnico metódico e incansable yo veo a una persona de esas que merecen alegrías aunque esta vez el fútbol decidiera mostrar su cara más cruel para negarte una. 

El verano pasado llegaste como un joven entrenador que fue el elegido para comandar el proyecto de una Ponferradina que había resultado desilusionante en su regreso al barro. Desde el primer momento sorprendiste por tu pasión al hablar de fútbol delante de un micrófono con naturalidad y cercanía y por tu humildad. Precisamente, estas últimas cualidades te llevaron pronto a meterte en el bolsillo a un vestuario con gallos de todo tipo: desde hombres experimentados que han saboreado las mieles de la Primera y Segunda División hasta otros que vienen de abajo deseando cambiar los trajes de obra por esmóquines inmaculados. 

Hubo momentos muy duros, lo sé, pero solo había que escuchar hablar de tu calidad humana y profesional a los Yeray, Esquerdo o Borja Valle para tener claro que eras el hombre idóneo para seguir al mando. El fútbol no es justo, y en tardes como la del sábado se demostró. El grupo más unido que ha visto Ponferrada en mucho tiempo quedó llorando desconsolado sobre el césped, eso sí, acompañado por miles de personas en sus butacas que quedaron aplaudiendo mientras se pasaban los pañuelos. Esta comunión lleva tu firma, Javi, porque lograste abrir una puerta que pesaba toneladas para que la ilusión volviera a tener cabida en el interior de El Toralín.

Tuviste el detalle de despedirte de los periodistas pero yo no me despediré de ti, al menos por el momento. Y la culpa la tienes tú, porque me has recordado lo que es la ilusión, y la que tengo ahora mismo es seguir viendo a la misma Deportiva guerrera, a tu Deportiva. Porque te has ganado ser de nuevo el protagonista de la próxima historia que tendré que escribir, y ésta seguro que nos guarda un final feliz.

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