Jorge Brugos

Carlos Pollán y el sorpasso de Vox

16/02/2026
 Actualizado a 16/02/2026
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Cuando Iván Espinosa de los Monteros abandonó el barco de Vox, el pronóstico general fue de naufragio: parecía que las voces sensatas y moderadas iban a ser purgadas. Tras un tiempo convulso, donde los decibelios ensordecían el debate y silenciaban cualquier matiz, ahora, paradójicamente, el partido está optando por perfiles moderados e institucionales. Lo vimos en Aragón y lo hemos confirmado la pasada semana en Castilla y León con la designación de Carlos Pollán como candidato. Vox está haciendo justo lo contrario que el Partido Popular: moderar sus perfiles institucionales sin ablandar un ápice el discurso.

Si el cierre de campaña del PP en Aragón tuvo como maestro de ceremonias a un agitador de redes como Vito Quiles, Abascal está apostando por esos vecinos a los que les darías las llaves de tu casa para que te rieguen las plantas en vacaciones. Es la estrategia del riego por goteo con la que los frutos terminan llegando. En la psicología electoral, el votante busca un héroe que le proteja. En Zaragoza, el PP tenía a Jorge Azcón, el yerno ideal, pero erraron el tiro cuando, en un intento desesperado por drenar votos a su derecha, llamaron de teloneros a los perfiles más estrambóticos del lugar.

En Génova parecen creer que, con cuatro guiños macarrónicos, los que se fueron con Abascal volverán al redil. Se equivocan. El electorado de Vox es de los más fieles del panorama actual; ya conquistaron a los convencidos hace tiempo. Su objetivo ahora es otro: lograr que el votante moderado se sacuda el complejo y termine votándoles. 

Por eso han escogido al leonés Carlos Pollán para Castilla y León, buscando además arañar ese voto identitario de la UPL. Al ver al candidato de Vox, el espectador no siente esa punzada de vergüenza ajena que sí provocan ciertos perfiles promocionados por el Partido Popular, como su portavoz en el Congreso, Ester Muñoz. Me decía hace poco un buen amigo y profesor universitario que nuestra paisana exhibe una «brutalidad» dialéctica agotadora; y es cierto, cada vez que interviene parece que acaba de salir de una refriega de taberna en el Barrio Húmedo. Mientras Génova se llena de exaltados, en Bambú están llenando sus organigramas de ciudadanos ejemplares.

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