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Cápsulas de paraíso

17/08/2023
 Actualizado a 17/08/2023
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Las vacaciones son el aperitivo de una vida que la mayoría no podemos disfrutar. Una cápsula de derroche que permite soñar y añorar el resto del año. Esta extenuante manera de perseguir zanahorias (quizá imprescindible en nuestra forma de vivir) será juzgada por los siglos. El turismo se ha convertido en la búsqueda insaciable de belleza a través de paisajes extraordinarios que en las redes sociales terminan cuantificando el éxito. Píldoras adictivas de felicidad que han construido una de las industrias más potentes del planeta. 

El prestigio de España como destino turístico uno lo aprende, como casi todo, viajando. No para comenzar una garrula competencia de virtudes si no porque España sigue permitiendo al visitante una experiencia real de convivencia con el paisaje, la cultura y con los españoles. Una perogrullada para nuestra mirada pero un hecho diferencial del que tan solo puede presumir la vieja Europa, Norteamérica y Australia.

Hace un puñado de días miraba el mar Caribe apurando margaritas desde una hamaca de la Rivera Maya, en el México increíble. Un paraíso turístico que, sin embargo, es tan solo otra cápsula. En el estado de Quintana Roo (símbolo turístico del país los últimos treinta años) los opulentos resorts, cenotes de ensueño y playas turquesa son tan inalcanzables para la mayoría de mexicanos como para nosotros mantener la lujosa y despreocupada rutina de vacaciones. Más allá de cada complejo hotelero, fuertemente custodiado por policía y seguridad privada, hay una cruda realidad de aldeas de chabolas desperdigadas por la selva asfixiante que el turista cruza en taxis y autobuses donde te desaconsejan pisar la calle. Según el gobierno mexicano el 40% de los habitantes de Quintana Roo, muchos inmigrantes, son pobres. El 10% vive en la extrema pobreza. Allí, el paraíso y los dólares, son solo para turistas. Y ser un viajero encapsulado deja regusto agridulce más que picante. 

 

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